Buenas ideas


Entre los expertos en economía existe la teoría de que los momentos de crisis y de falta de recursos son los que hacen aflorar a los emprendedores más sagaces y generan los proyectos más rentables. «Cerebrus apretatus, discrurren que rabéan», decía en su particular latinajo un viejo profesor de mis tiempos de estudiante. Habrá, seguro, partidarios y detractores de esta teoría, pero en Ourense hemos conocido estos días un ejemplo de que la necesidad hace aflorar ideas brillantes. Los protagonistas están en La Molinera. Los técnicos de este centro dedicado al fomento de la innovación tecnológica entre la sociedad ourensana se encontraron con que no podía disponer de una impresora 3D porque, simple y llanamente, no había presupuesto en las arcas municipales para ello. Lejos de rendirse, decidieron investigar, organizar cursos de diseño y fabricación y crearla por sus propios medios. Con esa primera fabricaron las piezas de la segunda y luego montaron un taller para que los ourensanos interesados, además de aprender, creasen más. Lograron tener una decena. Pero aún mejor fue la segunda idea. En lugar de que la experiencia quedase como una actividad más encerrada entre las paredes de esta instalación, pusieron en marcha una iniciativa solidaria para fabricar con ella juguetes para los niños del CHUO. Más allá de lo loable de esta iniciativa altruista, esa iniciativa ha tenido una repercusión social que sin duda ayudará al centro a cumplir el objetivo para el que fue creado. Ahora muchos ourensanos ya saben para qué sirve La Molinera y, lo que es más importante, que la innovación no es algo etéreo reservado a Silicon Valley.

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