¿Y ahora qué?


Se dijeron muchas cosas en el foro sobre el botellón que se celebró en Ourense el jueves. Los expertos -había desde psicólogos a médicos pasando por técnicos en conductas adictivas, además de representantes institucionales- dejaron sobre la mesa un buen montón de sugerencias más que interesantes. La mayoría de lógica aplastante y, además, baratas. Esto último es importante porque los que tienen las llaves de las arcas públicas ni siquiera van a poder poner la disculpa de que lo que allí se habló, allí se queda por falta de presupuesto. Porque el gran riesgo es que todas esas buenas ideas para frenar el problema -que lo es hoy, pero lo será más aún en el futuro por las repercusiones personales y sociales- se quede entre las cuatro paredes del salón de la delegación de la Xunta que acogió el encuentro. Lo advertía el alcalde de O Barco y presidente de la Fegamp. Alfredo García, que aplaudía la organización del foro, pedía que se plasmasen, negro sobre blanco, las conclusiones y soluciones que se habían planteado y que haya más encuentros para fijar las medidas concretas para poner en marcha y valorar cómo se va avanzando. De esas conclusiones nada se sabe. Quizá alguien se encargó de escuchar lo que se decía en esas cuatro mesas que se sucedieron durante toda la jornada para ir recogiendo las ideas y ahora está organizando y dando forma a los apuntes de «solucións ó problema do botellón» que daba título a la cita. O quizá la organización pidió a los distintos ponentes que les pasasen sus propuestas resumidas y ahora están recopilándolas para poner en marcha un plan de acción. Quizá. Ojalá así sea.

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