María Martinón-Torres: «Atapuerca es una fuente inagotable de descubrimientos, que yo no veré»

La ourensana, referencia mundial en antropología dental, nueva directora del Centro Nacional de Evolución Humana

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redacción / la voz

A María Martinón-Torres (Ourense, 1974) siempre la acompaña una sonrisa. Su optimismo nace del entusiasmo que siente por su trabajo, lo que la ha llevado a convertirse en una referencia mundial en antropología dental. Y con esa misma pasión afronta su nuevo reto: la dirección del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). Acaba de tomar posesión, pero no le costará adaptarse, porque regresa a casa. Adscrita al equipo de Atapuerca desde 1998, fue la responsable del Grupo de Antropología Dental del centro entre el 2007 y el 2015, puesto que dejó para ser durante dos años profesora de investigación en la University College de Londres.

-Cuando dejó el centro para irse a Inglaterra, ya sonaba para ocupar la dirección. ¿Por qué se fue y por qué ha regresado?

-Me fui porque a nivel personal y profesional me apetecía explorar el ambiente científico internacional y establecer puentes con otras instituciones, aparte de que me apetecía involucrarme en la enseñanza. Y volví porque se presentó la posibilidad, tras un proceso competitivo de selección, de liderar un proyecto como este, que ni en España ni en Europa existe algo parecido en el ámbito de la evolución humana. Contamos con un equipo de investigación multidisciplinar y con instalaciones científico-técnicas singulares de primer nivel y abiertas a la comunidad internacional. Es un proyecto global asociado al yacimiento de Atapuerca, pero no exclusivamente.

-¿Qué retos se plantea?

-Establecer puertas con otras instituciones internacionales para poner toda la ciencia que hacemos en el lugar que le corresponde en el ámbito mundial.

-¿Y cuál es ese lugar?

-Estamos en el primer nivel. Lo que se hace aquí es extraordinario, y tenemos que sacar pecho, pero hace falta dar el salto hacia la visibilidad. Para ello tenemos que establecer sinergias entre la investigación, la divulgación y la enseñanza. Vamos a tener una relación fluida con el Museo de Evolución Humana y con la Universidad de Burgos. Desde fuera también nos ven un gran potencial y tenemos que seguir explotándolo.

-Usted releva a Alfredo Pérez, pero antes el centro lo dirigió el también gallego José María Bermúdez de Castro, su maestro. ¿El alumno podrá superar al maestro?, ¿es un reto añadido?

-Es difícil superar al maestro, porque con José María aprendí muchas cosas, no solo a nivel investigación, sino también a trabajar en equipo, la ilusión, las formas... A él le debo mucho, pero sigue aquí en el centro y seguiremos trabajando en los proyectos que teníamos a medias.

-Atapuerca cambió el mapa de la evolución humana. ¿Sigue quedando aún un mundo por descubrir?

-Atapuerca es una fuente inagotable de descubrimientos. Habrá hallazgos que yo no veré, porque me moriré antes. Es maravillosa su capacidad de aglutinar a investigadores de distintos ámbitos en equipos multidisciplinares, pero también es una escuela de formación, en la que se genera gente que enseña y que aprende. Atapuerca es como una universidad en el campo. Aprendí muchísimo, con un equipo extraordinario.

-¿Es un ejemplo?

-Es un ejemplo de cómo integrar la enseñanza y la investigación puntera, porque más allá de las excavaciones se han preocupado de formar, de tal forma que existe un relevo generacional dentro de nuevo país para seguir investigando en este yacimiento de gran importancia mundial.

-¿Y qué sorpresas deparará?

-Atapuerca siempre sorprende por donde menos te lo esperas. Lo hizo cuando descubrimos el Homo antecesor, el homínido más antiguo de Europa en aquel momento, de 860.000 años, un récord que se superó con el hallazgo en la Sima de los Elefantes de un homínido de 1,2 millones de años. Y en la Sima de los Huesos tenemos la colección de preneandertales más completa del mundo. Faltaba el neandertal, pero hace dos años se encontró el parietal de uno, del que estamos esperando una datación precisa en un nuevo yacimiento, la Cueva del Fantasma. Atapuerca ha reescrito la evolución humana, con una referencia completa de homínidos desde hace 1,2 millones de años hasta la actualidad.

«Nuestra especie no creo que vaya a extinguirse»

María Martinón-Torres dio hace unos años un vuelco al modelo clásico de la evolución humana al plantear que los primeros europeos tuvieron su origen en Asia, y no en África, donde evolucionaron hasta convertirse en especies propias que no guardaban relación con la cuna africana.

-La hipótesis que planteó, ¿acabará siendo aceptada por la comunidad científica internacional?

-Vamos por el buen camino. Hemos conseguido que sea una hipótesis que está en juego. En una revisión de estudios realizada en Nature nuestro modelo aparece como una hipótesis alternativa y radical a tener muy en cuenta, aunque es difícil cambiar el paradigma.

-Lo que aún no se entiende muy bien es cómo nosotros, los sapiens, seamos la única especie de homínidos que ha logrado sobrevivir. ¿Por qué?

-Somos los únicos porque somos altamente competitivos, somos muy buenos y despiadados. Hemos adaptado el entorno como no ha hecho ninguna otra especie hasta conseguir llegar a cualquier lugar del planeta, y eso ha dejado muy poco espacio para otras, que se han quedado sin un nicho. Somos muy invasivos.

-Hay quién dice que, como especie, estamos condenados a extinguirnos dentro del proceso evolutivo. ¿Usted lo cree?

-Nuestra especie, sinceramente, no me parece que vaya a extinguirse. Tenemos una gran capacidad de transformar el entorno y, como especie, somos una gran creadora de problemas, pero también somos una gran solucionadora de problemas. Al igual que somos capaces de lo peor, también lo somos de lo mejor.

-Usted viene del Reino Unido. ¿Echará de menos el apoyo que allí ofrecen a la ciencia?

-Dificultades las hay en todas las partes. Salir fuera te ayuda a relativizar tus problemas y te das cuenta de que hay cosas que se podrían hacer mejor, pero también que aquí hacemos cosas buenas que no valoramos.

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