«Filtramos agua con distintos metales, ultrasonidos y luz ultravioleta»

Estudiantes de tercero de ESO de Josefinas participarán en Galiciencia con dos proyectos

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ourense / la voz

«Un día vimos en el periódico que se habían caído las farolas del puente Romano por la corrosión, así que intentamos buscar una solución para que eso no pudiera pasar otra vez», recuerda Alicia Gómez. Así comenzó un proyecto con el que ella y sus compañeros han viajado hasta Barcelona, pasarán por Galiciencia -que se desarrollará desde mañana en el parque tecnológico de Ourense- y llegarán hasta Brasil. Su profesor de Física y Química, Carlos Pérez, fue el encargado de ordenar las ideas de los cinco integrantes del grupo: Paula Pérez, Rubén Borrajo, Pablo Reis, Daniel León y la ya mencionada Alicia Gómez.

Desde octubre del año pasado hasta marzo, estos alumnos del colegio San José-Josefinas, que por aquel entonces cursaban segundo de la ESO y actualmente están en tercero, investigaron sobre la eficacia de la utilización de metales de sacrificio para prevenir la corrosión del mobiliario urbano de metal. Horas de observación, pruebas y documentación que fueron reconocidas con el segundo premio en la feria nacional más importante de trabajos científicos, Exporecerca Jove, en Barcelona.

«A las placas de metal les pusimos magnesio y zinc en virutas y en polvo y lo rociamos con ácido durante una semana para ver cómo actuaba», explica Paula. También probaron con afilalápices de metal y de plástico. «Las carcasas de metal llevan magnesio y eso hace que la cuchilla se proteja de la oxidación, sin embargo los sacapuntas con carcasas de plástico terminaron oxidándose», aclara el profesor. Así descubrieron que no hace falta emplear materiales caros para proteger estructuras que se dañan con el paso del tiempo o las condiciones meteorológicas y que la vida útil de farolas, papeleras o bancos se puede alargar considerablemente. El sábado las dos alumnas viajarán a Brasil para presentar el proyecto en una feria en la que se darán cita jóvenes de todo el mundo.

A Diego Sánchez, Pablo Balado y Brais Menor la curiosidad les llegó por otro lado. «Vimos que en las aldeas la gente no trata el agua porque piensa que si viene del río tiene que ser potable y nosotros intentamos demostrar que no es así. Esas aguas pueden contener bacterias malas para el cuerpo que producen diarreas», cuenta Diego. Diseñaron y realizaron un estudio comparativo de la eficiencia de distintos métodos físicos de potabilización de agua. Después de comprobar con un cultivo que el agua de un pozo que uno de ellos tiene en casa no era apta para el consumo humano, recrearon métodos para que fuera aprovechable.

«Creamos un filtrado con distintos metales y empleamos también ultrasonidos y la luz ultravioleta y luego comprobamos que se podía beber», aclara Diego sobre los tres métodos que desarrollaron. «Al finalizar repetimos el cultivo y vimos que con la misma agua ya no crecían bacterias -destaca el docente- pero no nos atrevimos a probarla». A lo que uno de los tres alumnos contesta: «Yo sí la probé». Y las risas de todos invaden el laboratorio de un centro que participará por primera vez en Galiciencia, pero que ya está preparando sus proyectos para el próximo año. Por el camino aprenden a trabajar en equipo, se documentan y descubren cosas como que antes los pomos de las puertas de los hospitales eran de cobre por sus cualidades bactericidas.

Con este trabajo acaban de conseguir el reconocimiento del jurado de Ciencia en Acción, que se celebró en Eibar y Ermua el pasado mes y la mención especial en Esdelibro, en Madrid.

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«Filtramos agua con distintos metales, ultrasonidos y luz ultravioleta»