El comité anti sida atiende a una media diaria de cincuenta personas

El colectivo se ha convertido en un centro asistencial contra la exclusión social


ourense / la voz

El Comité Cidadán Anti Sida de Ourense acercó ayer la realidad de las personas con VIH al campus de Ourense. Concretamente a los futuros trabajadores del ámbito de las Ciencias Sociales y de la Educación, para que sean conscientes de la situación de discriminación a la que se ven enfrentadas en el ámbito laboral. La campaña lleva por título «#YoTrabajoPositivo. Sin discriminación por VIH» y recorre todo el mundo para instalar el mensaje de que compartir un espacio de trabajo no es una vía de transmisión del virus. Aunque se trata de una acción internacional, el comité anti sida ourensano subraya que en la provincia existe discriminación laboral y que la enfermedad es un estigma para los que la padecen y para sus familias. Aseguran que aunque la parte científica está completamente superada -se puede vivir con VIH- todavía queda mucho para que la social se equipare. A esto hay que añadir un nuevo repunte en el número de infectados, consecuencia directa de la superación médica de la enfermedad, que ha relajado la prevención entre las personas de riesgo. Cabe destacar que actualmente en el CHUO se lleva el seguimiento de 420 pacientes con VIH en las consultas de Medicina Interna.

El comité anti sida de Ourense tiene su sede en la calle Peña Trevinca y en los últimos años ha dado un cambio importante, relacionado directamente con la evolución de la enfermedad por la que nació y por la situación social del país. Hoy se ha convertido más en un centro contra la exclusión social que en un lugar al que solo acuden las personas afectadas por el VIH. Actualmente, por su programa Punto de Encuentro Calor y Café pasan unas 30 personas cada día. Muchos de los usuarios de este espacio no tienen un acceso normalizado a centros como el hogar del transeúnte o a un comedor social. Además, han puesto en marcha un banco de alimentos propio al que acuden todo tipo de personas necesitadas.

«Nos sentimos reconocidos por la sociedad, pero es un apoyo invisible»

El Comité Cidadán Anti Sida de Ourense cuenta actualmente con seis trabajadores, cuando hace pocos años eran once. Quizás ese es su principal problema, ya que la falta de empleados redunda en la prestación de servicios. Víctor Feijoo Fernández es uno de ellos. «La situación es precaria y eso siempre repercute en la parte asistencial», afirma. Aún así, cree que su trabajo es reconocido por los ourensanos, sobre todo por los enfermos y sus familias. «Nos sentimos reconocidos por la sociedad, pero es un apoyo invisible», subraya. Cree que el estigma social todavía está muy presente. Por eso la campaña de ayer, relacionada con la dificultad del acceso al empleo de enfermos de VIH, es tan importante. «Está claro que existe discriminación, nosotros solo podemos decir a los empresarios que compartir un espacio de trabajo no es una vía de transmisión del VIH», dice. Afirma que en Ourense el estigma es mayor que en otras localidades, ya que se trata de una ciudad pequeña. «Somos conscientes de que existe esta discriminación, que es palpable. Se puede denunciar, pero una cosa es la ley y otra la realidad», relata. Afirma, sin embargo, que se nota una diferencia importante en relación a décadas anteriores pero cree que el estigma social sigue presente, no solo entre las personas ajenas al enfermo sino entre las propias familias de los portadores del virus.

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Desde 1994 cuenta con una casa de acogida, que sigue abierta, con ocho plazas. Por ella pasan al año una media de doce personas. La ocupan, normalmente, personas afectadas por VIH que carecen de recursos socioeconómicos y que no pueden contar, por su situación, con una vida familiar digna.

Otro de los programas que sigue funcionando es el de intercambio de jeringuillas y preservativos al que acuden unas diez personas todos los días. Es confidencial y pretende reducir los problemas de índole socio-sanitaria y minimizar los riesgos de la adicción a las drogas -sobre todo para aquellos que utilizan la vía parenteral como forma de consumo- y de las malas prácticas a la hora de preparar y administrarse la sustancia.

El comité se ha convertido en un centro asistencial, ya que en la actualidad atiende a más personas con riesgo de exclusión social no ligado al VIH que a enfermos. Incluso apuntan que en los grupos de autoapoyo se habla menos de la incidencia del VIH que de otros temas relacionados con la situación social. Esto ocurre, sobre todo, en los programas que desarrollan dentro de los centros penitenciarios. El comité cuenta con ayudas de las administraciones y varias fundaciones.

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