«Toda la producción audiovisual francesa está centralizada en París»

Reconoce que lo mejor del país galo son las oportunidades laborales que ofrece


ourense / La voz

Daniel García puso rumbo a Francia hace cuatro años. Recuerda la fecha con exactitud, como tantos otros jóvenes que decidieron salir de una zona oscura en la que solo se intuían tres bifurcaciones: prácticas sin remunerar, una consecución de contratos temporales y más dependencia económica de progenitores haciendo equilibrios en la cuerda floja para llegar a fin de mes. «Llegué a París el 13 de agosto de 2013. Me fui de España por la situación laboral lamentable que vivía en esa época y elegí esta ciudad por mi novia, francesa y residente en la capital gala. Si no hubiese sido por ella seguramente hubiera elegido otro lugar. Berlín o Londres me llamaban mucho más la atención», relata.

Confiesa que no le quita el sueño lo de poder volver o no. Para él -que estudió el ciclo de sonido en la Escola de Imaxe e Son de A Coruña después de pasar por el instituto Otero Pedrayo y el CIFP A Farixa para formarse en producción audiovisual- el país vecino es como un camino amplio y sin límite de velocidad. «Lo mejor de aquí son las oportunidades laborales. Los técnicos, sobre todo si te dedicas al cine, están muy bien valorados, con un estatus profesional en particular que te permite vivir bien sin tener un trabajo fijo. La cultura, en general, es sagrada y prácticamente toda la producción audiovisual francesa está centralizada en París. Aparte de eso, el vino y el queso son exquisitos, no nos vamos a engañar», cuenta. Y como todo emigrado, reconoce que las ganas y las opciones de viajar aumentan por los precios y las conexiones aéreas que ofrecen las capitales del continente. «Desde París hay vuelos baratos a prácticamente cualquier parte de Europa. Las escapadas de fin de semana son mucho mejores aquí. ¡Las posibilidades son enormes!», añade.

Sus ingresos entraron durante un tiempo como mensajero en bicicleta, aunque terminó pasándose a la media jornada para poder compaginarlo con lo que realmente le gusta: el sonido. «El trabajo como mensajero aquí está muy bien pagado. Tuve la suerte de conocer a algunos españoles que se dedicaban a lo mismo, sobre todo de Madrid, Barcelona y A Coruña, y siempre se repetía el mismo discurso: viven con lo justo. Se puede decir que en Francia los principios del transporte sostenible y la ecología están mucho más presentes que en la sociedad española. Están dispuestos a pagar un poco más por un servicio menos contaminante, lo que permite tener más de doscientos mensajeros en bici que salen todos los días a las calles de París», explica sobre su anterior trabajo.

En la actualidad forma parte del equipo técnico de sonido de un espectáculo del parque temático Disneyland, ambientando en el lejano oeste. Cada representación, con actores especialistas en armas de fuego y música en directo, dura una hora y media. «Además, trabajo en Billy Bob’s, una sala de conciertos ambientada también en el far west», añade. «Desde pequeño la música es mi pasión y me gustaría terminar en una gran sala, haciendo el sonido para artistas internacionales. Para eso supongo que tendré que dejar Disneyland en algún momento, pero sin prisa. Paso a paso y aprendiendo de todas la oportunidades que se me presenten. Lo más importante es salir de la cama cada mañana con ganas de trabajar y no parar de aprender y mejorar», explica.

Como Rick le dice a Ilsa en el final de Casablanca: «es fácil comprender que los problemas de tres pequeños seres no cuentan nada en este loco mundo». Pero menos mal que todavía nos queda París.

El sonido como objetivo.

Trayectoria vital

El sonido como objetivo. Nació en Ourense, en 1989, y estudió Bachillerato en el IES Otero Pedrayo. Tuvo claro desde muy joven que le fascinaba el mundo de la música y el sonido, así que se formó primero en el CIFP A Farixa y luego en la Escola de Imaxe e Son de A Coruña. En la actualidad trabaja en un espectáculo en el parque temático de Disneyland.

«La mayoría de los franceses sienten gran admiración por España y su estilo de vida»

Cuando se le pregunta por cómo nos ven los galos, Daniel no duda al contestar: «Nos ven como unos afortunados. La mayoría de franceses sienten gran admiración por España, un clima y un estilo de vida mucho más relajado. Adoran las tapas, las cañas y estar en la calle. ¡Y es lógico porque mola mucho!».

Eso mismo que en la diáspora valoran de la cultura y costumbres españolas es lo que él más extraña. «Se echa de menos a la familia y a los amigos, por supuesto. E ir a tomar una cerveza y unos pinchos por la zona de los vinos de Ourense es ahora un lujo que solo puedo hacer un par de veces al año», lamenta.

Prefiere no generalizar para describir el carácter predominante en su país de acogida. «Como pasa muy a menudo, hay de todo», apunta. Aunque afirma que es importante hacer una distinción. «Me gusta diferenciar entre francés y parisino porque estos últimos son mucho más cerrados e individualistas que en el resto del hexágono. París es una gran capital, muy densamente poblada, lo que explica ese carácter arisco que incluso yo estoy copiando», finaliza. Pese a todo, sigue siendo una ciudad en la que cualquier extranjero se puede sentir cómodo.

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