Paloma Rodríguez: «En la ciudad vives encerrado en ti mismo, vas como con orejeras»

Con 26 años cambió Madrid por Luíntra para abrir su propia clínica

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ourense / la voz

«Trabajando duro». Esa es la frase que, en inglés, tiene colocada Paloma Rodríguez Viniegra en su estado de WhatsApp y que de alguna forma resume su vida desde que hace unos años decidió abrir su propia clínica odontológica en Luíntra. De hecho en los primeros meses de ese proyecto -al que según confiesa, le animó especialmente su padre-, combinaba el trabajo por cuenta ajena en la capital ourensana de lunes a viernes con la atención en rural durante los fines de semana.

-¿Cuándo decidió que no podía seguir por ese camino?

-Yo creo que la inmensa mayoría de los que estudiamos odontología aspiramos a abrir nuestra propia clínica y enseguida me di cuenta de que tenía que apostar definitivamente por mi proyecto si quería asentarlo. La demanda de citas de clientes crecía y era la única forma de ofrecerles la mejor atención y que no tuvieran un tiempo de espera excesivo y poco satisfactorio. Además al principio había cierta reticencia entre la gente porque tenían la experiencia de otras dos clínicas que habían abierto y al poco se marcharon y eso generaba dudas sobre la continuidad de la nuestra.

-¿Y usted piensa quedarse en el rural o le gustaría trasladarse también a la ciudad?

-Tengo claro que la clínica de Luíntra permanecerá. Quizá en el futuro exista la posibilidad de abrir también una en la ciudad, pero eso no implicará el cierre de esta. Creo que el rural aporta muchas cosas que no puedes tener en la ciudad. Quizá no haya tanta masa de clientes potenciales, más en un municipio como Nogueira que no es como Pereiro, por ejemplo, en el que hay más gente joven; pero hay otras ventajas.

-Usted es urbanita por nacimiento y por crianza. ¿Le costó el cambio entre Madrid y Luíntra?

-En absoluto. Es cierto que extraño sobre todo no poder estar más cerca de mi madre o de mis amigos, pero aquí me he sentido absolutamente acogida desde el principio.

-¿Tendrá algo que ver que su familia paterna es de la zona?

-No digo que no haya influido, porque la familia de mi padre es de Moura, un pueblo del mismo municipio, y por lo tanto quizá no te ven como una persona extraña; pero yo percibo además que en el pueblo la relación se establece de forma más natural, más abierta. En la ciudad tú te acostumbras a vivir encerrado en ti mismo, vas como con orejeras. No sabes ni quién es tu vecino de edificio y caminas por la calle como aislado, sin ocuparte de nada ni de nadie porque ni te fijas ni conoces a quienes se cruzan contigo. Aquí es distinto. Se establece un vínculo y te sientes parte de una comunidad. Eso te cambia el chip y aprendes a entender a la gente. Te cambia el ritmo de vida pero también trabajas sin ese frenesí, sin ese estrés de que tienes veinte minutos para un paciente y ya. Aquí tengo un trabajo que me permite disfrutarlo: puedo dedicarle todo el tiempo que necesito a cada cliente, porque cada persona es distinta, y tanto como me hace falta para que cada tarea quede como quiero.

-¿Cree que existen suficientes apoyos para incentivar la apuesta de gente joven por montar proyectos en el rural?

-Es cierto que existe alguna ayuda. En mi caso por ejemplo conseguí, gracias también a que mi padre se ocupó de buscar y del papeleo, una de grupo de desarrollo rural Adercou de unos once mil euros. Pero yo creo también que este tipo de municipios, en los que ves que la gente joven se está marchando y la gente mayor, por ritmo vital, va desapareciendo, necesitarían otro tipo de medidas a todos los niveles. Yo conozco a personas que no acaban de decidirse a poner en marcha su proyecto precisamente porque no ven facilidades a muchos niveles, pero también es cierto que todos somos parte de ello y podemos aportar nuestro grano de arena. Si en un pueblo hay un dentista y otro que abre un supermercado y otro con una tienda o con una óptica, son servicios que ayudan a asentar esa población. Es bueno para esos mayores a los que le facilitas la vida y les evitas tener que desplazarse, pero sirve además para mantener a la gente más joven.

DNI. Aficiones.

quién es

DNI. De padre ourensano y madre cartagenera, Paloma Rodríguez Viniegra nació en Madrid en 1985. En 2009 se licenció en Odontología y unas vacaciones en Ourense le sirvieron para comenzar a trabajar por cuenta ajena en la ciudad. Hace seis años montó su propia clínica.

Aficiones. Su mayor pasión es viajar. «El poco dinero que puedo apartar lo dedico a ello», señala esta joven que se declara también aficionada al cine en pantalla grande. «Me gusta cualquier tipo de película, incluidas las de dibujos animados; todo menos las de terror», aclara. La lectura es otra de sus debilidades. Poco maniática en cuanto a géneros, disfruta con cualquier narración que la enganche. Amante de los animales, su perro, Bruster, es «más que una mascota».

«Yo también tenía pánico al dentista; ahora solo me da respeto ir»

A Paloma la cuestión sanitaria le atrajo desde niña. «Era la típica que pedía los juegos aquellos que llevaban el fonendoscopio», recuerda. La decisión de encaminarse hacia la odontología la tomó por su propia experiencia. De niña tuvo que someterse a algunos tratamientos «y la verdad es que tenía un dentista que era encantador y creo que eso me marcó». Eso no impide que reconozca que «le tenía pánico a los dentistas; y aún ahora me da respeto ir». Por eso entiende «las reticencias del público a acudir a nosotros, pero eso es algo que mejora con el trato, la atención y el mejor servicio». Otra razón por la que le seduce su profesión es que «está en constante avance por la aplicación de nuevas tecnologías y siempre tienes que estar estudiando y actualizándote».

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