Pino Díaz: «La competición genera mucho estrés»

Durante cuatro años formó parte de la selección nacional de gimnasia rítmica. Hoy es docente


ourense / la voz

La gimnasia rítmica ourensana tuvo una edad de oro. En la década de los 70 del Gimnasio 2000 salieron deportistas que formaron parte de la selección nacional de esta disciplina, compitiendo por todo el mundo y ganando numerosas medallas. Pino Díaz formó parte de aquella brillante generación.

Nacida en Ferrol en 1968, llegó a Ourense cuando tenía apenas seis años. Su padre era perito industrial y le encargaron el diseño de la fábrica de Orember, así que se trajo a la ciudad a toda la familia. Desde pequeña Pino hacía gimnasia y practicaba en un club «muy puntero», por el que también había pasado Marta Bobo. Esta, de hecho, ya estaba en la sección nacional de rítmica cuando llamaron a Pino para participar en ese mismo equipo. Tenía doce años. «El hecho de que estuviera allí Marta, que había abierto camino, me animó a mi a tomar la decisión; yo ahora lo pienso y me doy cuenta de que con esa edad mis padres debieron de pasarlo fatal cuando me marché», asegura. Entre 1980 y 1984 Pino Díaz estudió en el instituto Beatriz Galindo de Madrid, donde se podía compatibilizar el entrenamiento -eran jornadas diarias de ocho horas- con los estudios. «Cualquier actividad profesional que quieras hacer bien es dura, lo que pasa es que en mi caso aconteció en una etapa en la que quizás deberías jugar más y tener menos responsabilidades. Pero en aquel momento no lo percibía como ahora, desde unos ojos de persona adulta; los ojos infantiles convierten en juego cualquier actividad», cuenta, reconociendo además que «lo que menos me gustaba era la competición, a pesar de que yo era muy buena competidora, porque llegaba al campeonato y lo hacía bien, pero lo recuerdo con mucha carga de responsabilidad, y eso no me gustaba». No tardaron en llegar las medallas en citas nacionales e internacionales, pero en 1983, después del campeonato del mundo, tomó la decisión de abandonar. «Decidí dejarlo por la sobrecarga de trabajo, por el estrés... se mezclaron varios factores. Además yo quería continuar estudiando y cada vez era más difícil compatibilizar ambas cosas», rememora.

Así que regresó a Ourense, pero se mantuvo vinculada a la gimnasia, primero como entrenadora en un gimnasio local y luego como psicóloga en la federación gallega. Asegura que en su época la figura de ese profesional no estaba muy presente en el mundo de la gimnasia rítmica, por lo que no se trabajaba sobre aspectos como el control del estrés. «He visto abandonar a deportistas superbrillantes por ser incapaces de controlar el estrés. Eso hoy se trabaja, pero en mi época no era así», cuenta.

Asegura, con todo, que no fue esa la razón que la llevó a matricularse en Psicología, sino más bien la afinidad con las Humanidades y los consejos de su padre. Luego, eso sí, su trayectoria fue derivando hacia el ámbito de la psicología en el deporte. «La tesis la hice con José María Buceta, un psicólogo con mucha experiencia con deportistas de élite, y ahí fue ya donde definitivamente me metí en ese campo. La investigación era sobre el estrés en la competición», cuenta.

Desde hace años Pino Díaz es profesora titular de la Universidad de Vigo, impartiendo clases en la facultad de Ciencias de la Educación. Ese trabajo también tiene relación, en cierta medida, con el deporte. «Doy clases en los grados de infantil y primaria de aprendizaje y desarrollo de la motricidad, un ámbito que está a caballo entre la psicología y la actividad física», cuenta. «Sigo vinculada a este campo, formando a maestros de infantil y de primaria en lo que se refiere al aprendizaje del movimiento humano, algo muy importante en los primeros años del niño, cuando pasa de no conocer su cuerpo a tener que darse la vuelta, correr, gatear, etc.», explica.

Pese a los enormes sacrificios que supuso para una niña de doce años afrontar la dura vida de una gimnasta de alta competición, Pino Díaz guarda un buen recuerdo de aquella época y, de hecho, asegura que aquellos interminables entrenamientos le han servido para tener hábitos sanos de por vida. Eso sí, en la docencia asegura haber encontrado su verdadera vocación. La que la motiva cada día.

«Con Bolonia la formación de los maestros se ha dignificado»

Como formadora de maestros, Pino Díaz cree se ha mejorado mucho tras la puesta en marcha del Plan Bolonia. «Se ha avanzado mucho en los planes de estudio de formación de maestros, aunque todavía no ha tenido un impacto en el sistema educativo», asegura. Recuerda que, con el nuevo plan, las titulaciones, que antes se prolongaban durante tres años, se han visto incrementadas en uno, ya que ahora ya no existen diplomaturas ni licenciaturas y todos los grados tienen la misma duración. «El maestro ha visto aumentada un año su formación, las prácticas son más largas, en ese sentido la formación se ha dignificado porque se ha equiparado al resto de los grados».

Con todo, tiene claro que queda camino por andar. «La educación depende del que llega con su formación y del sistema que lo recibe. Hay muchos frentes que tocar, pero creo que se ha mejorado. En España este es un tema muy complejo, muy controvertido, pero yo soy optimista».

 

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