El Miño recibió solo un tercio del agua que debería haber recogido

La Confederación Hidrográfica alerta de que en agosto lloverá menos de lo normal


ourense / la voz

Las reservas hidrológicas ourensanas siguen bajas, pero han mejorado con respecto a finales del mes de mayo. Así lo confirmó el presidente de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, Francisco Marín, tras la reunión de la Oficina Técnica da Seca. Los 37 litros por metro cuadrado en precipitaciones durante el mes de junio ayudaron «a que la situación no fuera a peor», señalaba el responsable del organismo de cuenca. Sin embargo, esa lluvia no es suficiente como para levantar la declaración de prealerta por sequía que se mantiene desde enero. A estas alturas del año, según señaló Marín «deberíamos estar a 1.040 litros y estamos en 134».

La media de la red de embalses de la cuenca Miño-Sil está en el 63 %, once puntos por debajo de la serie histórica para este mes del año. La parte superior del Sil -en las zona leonesa del Bierzo y la ourensana de Valdeorras-, y el Cabe, en Lugo, son los dos sistemas más perjudicados por la falta de precipitaciones de los siete en los que está dividido el territorio que abarca esta confederación hidrográfica. De hecho el Miño, a su paso por Ourense solo ha recibido un tercio del agua -un 66 % menos- de la que debería de haber recogido a estas alturas del año, mientras que al mismo río, en Lugo, se quedó en un 50 %.

El responsable de la Confederación Hidrográfica mantiene la petición a los ciudadanos de que hagan un uso racional del agua y ahorren lo que puedan en su consumo «porque cada gota cuenta y lo que malgastemos ahora es posible que en otoño nos haga falta».

De hecho, las previsiones que manejan para lo que queda de año hidrológico no son buenas. La de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) asegura que se acabará con tan solo un 65 % de las precipitaciones que deberían haberse producido. Cabe señalar que el año hidrológico se mide de noviembre a septiembre. Pero hay vaticinios aún más pesimistas, como el de del Centro de Predicción de Inundaciones de la Unión Europea o el Centro Meteorológico Americano, «que nos está diciendo que los próximos dos meses nuestra demarcación va a ser más cálida; el mes de agosto con menos lluvia, por debajo de la media; y con un poco más en el de septiembre», dijo el presidente.

Primero, el abastecimiento

Francisco Marín también señaló que el abastecimiento a la población está garantizado tanto en la ciudad como en las grandes villas que toman de ríos regulados por presas, ya esté aguas arriba o en la propia zona de captación. Eso sí, según advirtió, aquellos núcleos que toman de ríos no regulados, como los que están en la cabecera de los cauces; o los que captan de manantiales, pueden surgir cortes por la bajada del nivel si la sequía persiste.

«Si la situación sigue empeorando y hubiera que restringir, las limitaciones primero se harían para el regadío. Los usos de abastecimiento a población son lo primero; más prioritarios incluso que los caudales ecológicos», matizó Marín.

De todos modos, el presidente matizó que para la demarcación Miño-Sil solo hay regadíos desde agua de presas en León y Monforte «y con el volumen de agua embalsada este año tienen garantizado el suministro para regadío». Eso implica que para el territorio que ordena esta confederación hidrográfica pasar al nivel de alerta no sería especialmente significativo.

 El acuífero subterráneo de A Limia baja pero aún garantiza el regadío agrícola

En el histórico de precipitaciones hay pocos años en los que haya caído menos agua que en este 2017 dentro de la cuenca Miño-Sil. Ocurrió en 2012 y aunque la sequía fue menos prolongada, el volumen de agua embalsada era menor que la que hay este verano. La razón de que los niveles estén ahora más altos hay que buscarla en el año pasado, en el que llovió un 20 % más de la media. En estos momentos en la Confederación Hidrográfica Miño-Sil no constan peticiones para solucionar problemas de suministro. Tampoco hay dificultades, de momento, para el regadío en la zona agrícola de A Limia. Aunque el cauce del río está muy bajo -en un 20 %-, según aclaró Marín, los sistemas de riego instalados por los agricultores de la zona se nutren fundamentalmente de esa agua subterránea.

La llanura del terreno provoca que, en vez de caer hacia el río, las precipitaciones se estancan y se filtran a través de la tierra a la capa freática. Y precisamente ahí la cuenca del Limia esconde una de las reservas más importantes en agua subterránea. Su profundidad alcanza entre 60 y 70 metros y el nivel está, de media a metro y medio. En estos momentos hay un ligero descenso y para encontrar agua hay que profundizar dos metros «pero ahí no parece que vayan a tener problemas, otra cosa es si hay alguien que tiene la concesión para tomar del río; ese sí que puede tener restricciones porque los caudales ecológicos son prioritarios respecto a los regadíos», dijo Marín. Peor están en el acuífero de la Terra Chá lucense, donde el agua ha descendido de dos a cinco metros de profundidad.

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