Condenados a entenderse


Ourense necesita que en el Concello dejen de mirarse al ombligo. Y que miren a los ciudadanos a la cara, directamente a los ojos. Es algo que lleva necesitando mucho tiempo pero que el posible bloqueo de los servicios sociales ha convertido en perentorio. El gobierno local debe ser consciente de que algo no se ha hecho bien o se podía haber hecho mejor para llegar a la situación actual. Y la oposición tiene que ser consciente de que el rédito político hay que sacarlo de otros sitios. Y de otra manera.

Aunque las cosas son muy complicadas -remanentes, modificaciones, recursos, concesiones- y no se puede frivolizar también hay que reconocer que la vida (incluida la municipal) puede ser fácil. En este caso, todos los que, por orden de los ciudadanos, se sientan en el salón de plenos tienen que tener clara una cosa fundamentalmente: se trata de la gente, no de ellos. No se trata de ahorrarse dimisiones ni de forzarlas; no se trata de mantenerse en el puesto o de mover sillas; no se trata de tener la razón o de quitársela a otro. No se trata de estrategias, de revanchas, de victimismos... Aquí de lo que se trata, por si alguno todavía no lo sabe, es de Ourense. Y la ciudad empieza a cansarse del «y tú más» en el que se está convirtiendo el diálogo municipal. La sensación es que, en un Concello en el están condenados a entenderse, los grupos políticos se relacionan a través de comunicados, audios de declaraciones reenviados por wasap, recados, tuits y mensajitos. Debería ser más fácil. Debería ser suficiente con sentarse y no levantarse hasta que sean capaces de entenderse.

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