El ourensano al que confundieron con un narco ya está en Perú

La gerencia migratoria del país ha reconocido el error que le mantuvo sin poder reunirse con su pareja y disfrutar sus vacaciones durante toda una semana


Ourense / La Voz

El ourensano Julio Rodríguez González, que desde hace una semana intenta reunirse en Perú con su pareja, la también ourensana Bárbara Canedo, ha conseguido finalmente su objetivo esta madrugada. Eso sí, las vacaciones que planearon van a ser bastante más cortas de lo previsto debido a los días perdidos en trámites burocráticos para hacer entender a las autoridades de aquel país que Julio Rodríguez González no era el delincuente que ellos pensaban y que el hecho de existir una alerta internacional hacia alguien con el mismo nombre y apellidos nada tenía que ver con él, que nunca ha tenido ningún tipo de problema legal ni antecedentes policiales. Al parecer el nombre del ourensano es igual que el de un condenado por narcotráfico en ese país que ha salido de prisión recientemente y para el que Interpol tiene emitida una alterta.

A pesar de que ni el número de pasaporte ni su edad coincidían, las autoridades peruanas no quisieron entrar en razón y enviaron de regreso a Julio a Panamá sin darle otra posibilidad. Ni siquiera le permitieron hablar con Bárbara, cuyo vuelo desde España había llegado un poco antes que el suyo (se desplazaba directamente desde Ciudad Panamá, donde trabaja desde hace dos años) y le esperaba en el aeropuerto, tras pasar los controles aduaneros.

Era el 1 de julio. Tras siete días de ir y venir entre oficinas consulares y embajadas, él desde Panamá, ella desde Perú con la ayuda de un abogado que contrató allí, ayer conseguían que la gerencia de Servicios Migratorios reconociera finalmente el error y dictaminara que se le permitiese entrar en el país. «Teniendo en consideración los documentos probatorios presentados por la administrada, se verifica que no existe restricción alguna a nombre del citado ciudadano, siendo que la alerta que aparece es producto de una homonimia cuyos datos coinciden el nombre, mas no en el número de pasaporte ni fecha de nacimiento», señala textualmente la resolución que obtuvieron finalmente por escrito a las 20.00 horas de ayer (hora peruana). Julio cogió el primer avión disponible y finalmente la pareja pudo abrazarse pasadas las dos de la madrugada en presencia del abogado y un amigo que la acompañaban en la espera con una pancarta en la que se podía leer: «Bienvenido Julito, Perú te ama».

Quizá sea así pero, además de los días de vacaciones perdidos y los gastos extra que todo este lío burocrático les ha ocasionado, la pareja ourensana ya no podrá disfrutar del país de los incas como tenía previsto. Por lo de pronto, y entre otras cosas, no verán Machu Picchu. La visita a las ruinas de esta milenaria ciudad deben ser reservadas con meses de antelación y el día de acceso que tenían ya ha pasado. «Rabia, impotencia», esas son dos de las palabras que más repiten los afectados por esta peripecia en la que, según matizan, una de las cosas que más les dolió fue la falta de ayuda y el desinterés mostrado por las embajadas y consulados españoles a los que acudieron en busca de ayuda.

Julio interpuso ayer, nada más pisar suelo peruano y antes de abandonar el aeropuerto, la primera denuncia frente a la policía de Perú por vulneración de derechos. Asegura que habrá más, pero de momento solo quiere descansar, olvidar en lo que pueda estos siete días de locura de despacho en despacho y empezar a disfrutar de lo que le queda de vacaciones.

  

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