José Luis López Iglesias, el alcalde que llegó con las urnas

El fallecido fue regidor entre los años 1979 y 1983, con seis grupos municipales en la corporación local de Ourense


Ourense

Murió José Luis López Iglesias la semana pasada. Fue incinerado. Ni esquela, ni tanatorio, como él querría. Seguramente les habrá costado tragarse el dolor en silencio, pero se mantuvieron firmes su mujer y sus hijos, Ita, Luisa y Jacobo. Coherentes con su forma de pensar y de enfrentarse a la muerte, lloraron en soledad, con la distancia y la discreción por encima de cualquier otra consideración. Llevaba el exalcalde de Ourense días sin dejarse ver. Ni en Juan XXIII y la plaza de Paz Nóvoa, que era su área natural de paseo. Tampoco acudía al Milanés para sus tertulias y donde podía comentar con Ramón Dacosta las últimas noticias del fútbol de aquí y de allá. Demasiadas semanas seguidas sin el clásico «¿cómo va eso, presi?», con el que Ramón saludaba a quien lo había protegido cuando asomaba al futuro como futbolista profesional.

El impacto de la inoportuna caída que sufrió en marzo fue grande. Definitivo. Por esas cosas de la cirugía, su voz había quedado tocada, pero su memoria y su lucidez permanecieron intactas hasta el final. Era como una enciclopedia sin hojas perdidas.

José Luis López Iglesias ha muerto con 86 años. Fue alcalde de Ourense entre los años 1979 y 1983. Fue cabeza de cartel de la desaparecida Unión de Centro Democrática (UCD) en las primeras elecciones municipales democráticas después del franquismo. Demostró talante como en pocas etapas en el Concello de Ourense, repartiendo juego y buscando apoyos puntuales para funcionar en una corporación con seis grupos municipales.

Él, que siendo concejal de deportes había puesto en 1972 los cimientos del Pabellón CF, ese equipo que fue cuna para estrellas que luego brillaron como los Nolis, Toño Fraguas, Paco Doforno o Ramón Dacosta, demostró para la gestión política cintura y reflejos como pocos. Sobre todo en aquella etapa, que tanto años después aún le recordaban en la calle, con afecto y admiración, personas a quienes conocía o ciudadanos anónimos que se acercaban a saludarlo, a felicitarlo y a decirle que era una pena. José Luis López Iglesias, que había tendido la mano a izquierda y derecha, seguía la política, aunque no ocultaba su desencanto.

Ingeniero de obras públicas, su vida laboral estuvo ligada al Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU). Su despacho en las instalaciones de la calle Sáenz Díaz era, durante la etapa de regidor, antes y después, el lugar al que se debía acudir por las tardes, a deshora, para una entrevista, para conocer un proyecto, o ponerse al día. En sus primeros pasos en la política tuvieron mucho que ver Ricardo Martín Esperanza y Eulogio Gómez Franqueira, sin olvidar al Pío Cabanillas de entonces. Los que vinieron después son otra historia.

Animal político como pocos, su vocación y sus ganas de trabajar lo llevaron al abrigo de distintas siglas, a derecha e izquierda. Puso cordura y puso sentido común durante todos esos años de entrega a la vida política. Su vocación era la actividad municipal, ya fuera como gobierno, como oposición o como alcalde.

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