La génesis unió a dos rebeldes

Su pasión por la música culminó hace un año con la ópera rock «The Rebel»


ourense / la voz

Cuando la melodía surge no queda otra que seguir el ritmo. Eso es lo que han hecho Miguel Caride y su hijo Iván. Dejarse llevar por los acordes y compartir una misma pasión: la música. Miguel Caride es abogado de profesión, pero todavía hoy se sigue preguntando qué hubiera pasado si de joven hubiera seguido con la música. Su recuerdo más lejano le lleva a relatar cómo cogía una escoba en la casa de su abuela, le daba la vuelta, y la utilizaba como micrófono para entonar el entonces de moda Eres tú de Mocedades. A su padre también le gustaba la música. Uno de los más gratos recuerdos que trajo de Venezuela, en donde estuvo, fue un tocadiscos y discos de carbón, que todavía conserva. Con su abuelo materno, Miguel acudía a los conciertos que se desarrollaban en la ciudad. «Iba a ver a la banda de música, al Orfeón, a la Coral De Ruada... Y recuerdo que comencé a tocar la guitarra en la tuna de la sociedad artística La Troya». Aunque inició estudios en el conservatorio, decidió dejarlo. «El sistema educativo de entonces no me ayudó, era demasiado rígido. Me parecía todo demasiado complicado», dice.

Así, con 15 años, en el parque de San Lázaro y acompañado de amigos, empezó a tocar canciones de la época. Ya, entonces, su grupo preferido era Genesis de Peter Gabriel. «Mi referente musical fue el rock progresivo», dice, para apuntar que hay mucho de esta banda y también de Pink Floyd en The Rebel, la ópera rock que este mes, hace un año, estrenó en Ourense, junto a su hijo. Aunque su pasión es la música, su profesión es la de abogado. Una actividad que, subraya, le gusta. «Cuando estaba explotando mi pasión por la música e incluso formé varias bandas, como Bunker, la familia no lo apoyaba. Vivía en una generación en la que había que estudiar. La música era para pasar el rato y divertirse, pero no una profesión. Un poco para no decepcionarlos marché a estudiar Derecho y reconozco que me gustaba». Hubo entonces un parón en la música. Eran los primeros años como abogado y la exigencia era demasiada. Pero llegó un momento en el que la necesitó de nuevo. «Tenía demasiada sensación de responsabilidad con el trabajo y menosprecié la musica. Tuve que volver por necesidad, ya que regresaba a casa y no era capaz de desconectar», explica. Tuvo que ponerse al día. La evolución del mundo musical había sido vertiginosa. «Me interesé por la informática musical, había una tecnología nueva, la posibilidad de grabar en casa, equipos nuevos...». En esa época Iván estaba a punto de nacer. «Nació el 13 de marzo de 1998. El día anterior estaba viendo en la televisión un concierto de Phil Collins en París. Justo cuando estaba sonando una de las canciones, mi mujer dijo que tenía que ir al hospital, que Iván nacía. Hoy Collins es el artista preferido de mi hijo», ríe Miguel.

Iván escucha atentamente a su padre: «Tengo vagos recuerdos, de pequeño. Siempre estaba cantando». Es compositor, cantante y toca la guitarra y el piano. Su padre recuerda que nunca influyó en la pasión de su hijo. «Yo nunca le dije nada. Pero él de vez en cuando venía a ver lo que hacía, se asomaba. Cada vez más a menudo, hasta que también se puso a tocar». Iván recuerda su paso por diferentes academias musicales, el papel fundamental de una de sus profesoras en el instituto, Raquel Pato, y acompañar a su padre en varias grabaciones. La gestación de la ópera rock The Rebel fue, seguramente, su paso más importante. Y el que más ha acercado a padre e hijo.

Califican de «impresionante» lo que ocurre cuando los dos se juntan a componer. Y, dicen, tienen una competición sana: «Él intenta sorprenderme a mí y yo, como padre, hacer lo mismo», dice Miguel. Experiencia y juventud se dan la mano en un pequeño estudio de Velle.

En primera persona. Miguel Caride Domínguez tiene 53 años. Su hijo, Iván Caride Sanjuán, 19.

Profesión. El padre es abogado y el hijo acaba de iniciar los estudios de Comunicación Audiovisual en Santiago.

«La primera vez que tocamos los dos juntos el piano pensé que era algo increíble»

La relación entre padre e hijo es especial y espontánea. «Yo me acuerdo que cuando empecé a tocar el piano lo hice por influencia de él. La primera vez que tocamos los dos juntos el piano pensé que era algo increíble», relata Iván. «Para mí la música tiene su vida y su forma», afirma el joven. Y su padre añade: «Él es creador, compositor y cantante. Utiliza el instrumento como medio y no como fin. Somos los dos iguales».

En toda esta historia filial, de 19 años, The Rebel ha sido, quizás, un punto y final y el inicio de otra historia. «En cierta manera hay un cambio. Porque ha llegado un momento en el que Iván, con 19 años, con el aprendizaje que ha tenido y con su capacidad creativa tiene que iniciar una carrera por su cuenta. De hecho está trabajando un conjunto de temas para su lanzamiento personal», afirma el padre, ante la mirada pensativa de su hijo. Además, afirma, The Rebel les ha llevado a un punto difícil de superar para ellos. «No creo que podamos hacer algo que lo supere. Sí algo distinto y tiene que ser lo suficientemente fresco y nuevo para que lo haga una persona joven», afirma generosamente Miguel Caride.

Pero la relación padre e hijo seguirá muy presente. Y no solo eso. La puesta en marcha de la ópera rock le ha servido a Miguel Caride para conocer cómo es la parte burocrática del panorama musical. Un aprendizaje que, afirma, está más vinculado con su trabajo propio. Y un aviso a su hijo: llevará su carrera. «Sé perfectamente cómo hacerlo ahora. Hace un año, no». Aunque se guarda un «as» en la manga: «He descubierto también el mundo del cine». La pasión de su otro hijo.

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