«En Venezuela me atracaron varias veces, pero nunca con un hacha»

El propietario de un bar reconoció a su atracador cuando regresó como cliente


ourense

El pasado sábado Eloy Álvarez estaba a punto de cerrar el bar de su propiedad en la calle Manuel Murguía. Su mujer y la empleada que trabaja con ellos ya se habían ido a casa. Pasaba de la medianoche y acababan de abandonar el local los últimos tres clientes. «Siguieron charlando fuera y no cerré la puerta. Me puse a recoger la mesa y después a limpiar la cafetera y los cacharros en el fregadero». Fue entonces cuando una voz le exigió a gritos: «Dame la pasta, dame la pasta». Al levantar la cabeza bruscamente se topó con un hacha a pocos centímetros y, tras ella, un hombre con la cara tapada por un pasamontañas y una mochila a la espalda.

El atracador le ordenó que se apartara de la caja. Así lo fue haciendo, poco a poco, el hostelero. «En realidad estaba intentando acercarme al otro extremo de la barra, donde tengo siempre un palo. Pero no llegué. De un solo gesto cogió el dinero de la caja, se lo metió en el bolsillo y volvió por el lado de fuera de la barra a ponerse frente a mí para decirme que le diese también la cartera». Eloy se negó. «¿Qué cartera? ¿No te llega con lo que ya me llevas?», cuenta que le dijo antes de empezar a chillar para ahuyentarlo. El ladrón puso pies en polvorosa con 700 euros de botín, pero el dueño del local comenzó a seguirlo. «La pena es que no puedo correr porque tengo un espolón en un pie, que si no, vaya si lo cogía», señala. Y es que, a sus 61 años, Eloy no es hombre que se arredre con facilidad. «Estuve muchos años en Venezuela y en el bar que tenía allí me atracaron varias veces, aunque nunca con un hacha», matiza reconociendo que le impresionó ver ese instrumento de cortar leña tan cerca. «Allí lo normal era a punta de pistola», aclara.

Cuando el hostelero ourensano vio que no podía dar alcance al caco, pero que este estaba guardando el pasamontañas y el arma en la mochila, dio una voz para alertar a un vecino que pasaba con un coche pidiéndole que lo frenase. No dio resultado, pero el grito sí consiguió que el autor del atraco girara la cabeza. «Entonces lo reconocí. No es cliente habitual, pero había estado en el bar varias veces», señala.

Al parecer el caco no se dio cuenta de que había expuesto su cara, porque tres días después, el martes, volvió por el establecimiento a mediodía y pidió dos platos combinados como si tal cosa. «En cuanto levanté la mirada para atenderlo, lo reconocí perfectamente», recuerda. Pero Eloy hizo gala de templanza y mientras su atracador se sentaba en la terraza esperando las viandas, él llamó a la Policía Nacional y a su hijo para que bajase de casa y le hiciese compañía mientras esperaban la llegada de los agentes. A los pocos minutos el atracador era detenido y se le incautó la mochila que portaba, la misma, según Eloy, en la que guardó el hacha y el pasamontañas el día del robo. Según la información difundida por la Comisaría de Ourense con relación a este suceso, al hombre, de 28 años y natural de Ourense, le constan otras cuatro detenciones anteriores. Es conocido en el ambiente policial por tener una adicción que le provoca necesidades inmediatas de consumo que le empujarían a cometer los delitos. Ayer pasó a disposición judicial pero volvió a los calabozos a la espera de comparecer hoy de nuevo ante el juez.

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