«Seguimos considerando al drogodependiente un indeseable»


ourense / la voz

José Cabrera es uno de los mayores expertos nacionales en el campo de las drogodependencias. Este médico psiquiatra, especialista en Criminología y en Salud Pública, ha dirigido la comisión científica del Plan Nacional de drogas del Ministerio del Interior y la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, además de ser representante de España en el Observatorio Europeo de Drogas y miembro activo de distintas comisiones de ámbito nacional e internacional. Nacido en Madrid, le gusta presumir de su ascendencia ourensana y siempre que puede recuerda que su madre es del céntrico parque de San Lázaro. Hoy lo visitará de nuevo porque suya será la ponencia de clausura de la tercera edición del Foro de Bioética.

-¿Qué relación tienen las drogodependencias y otras conductas adictivas con la ética sanitaria y del derecho?

-Si la ética es la disciplina que trata del bien y el mal, y su relación con los principios morales, todo lo humano tiene que ver con ella y, por lo tanto, las drogodependencias como enfermedad en la que el ser humano se hace dependiente de sustancias químicas o de ciertas conductas, exigen un posicionamiento ético por parte de los profesionales, aparte del científico. La enfermedad drogodependiente no es en si misma una conducta mala o buena; es un estado patológico en el que lo ético como búsqueda del bien tiene mucho que decir. Respecto al derecho, las cosas aun están más claras: el drogodependiente que infringe la ley es penado en función de sus circunstancias, y los profesionales se deben a normativas de obligado cumplimiento que guían su quehacer terapéutico.

-¿Y cree que se les trata con esos principios éticos o pueden más los prejuicios?

-En el tratamiento de las personas con drogodependencias siempre ha planeado una visión de vicio, criminalidad, dejadez o prejuicios, cuando en realidad estamos ante enfermedades graves y como tales deben tratarse.

-¿Se avanza en el buen sentido tanto en el abordaje de las conductas adictivas como en la visión social sobre ellas?

-Sin duda aun hoy hay un abismo entre la técnica del tratamiento de las dependencias químicas y conductuales y la ética social respecto a las mismas. Es el gran estigma del tratamiento de estos trastornos. Hoy seguimos considerando al drogodependiente un marginal, un indeseable, un delincuente e incluso como alguien que consume porque le da la gana. Y esto no es así de simple. No hay nadie que haya llegado a ese estado porque sí; hay siempre un drama, un trauma, una mala influencia, una alteración de sentimientos o incluso de personalidad, cuando no una verdadera patología psíquica previa. Como dice el tango: «Solo Dios conoce el alma que palpita en cada ebrio».

-Ha sido uno de los grandes impulsores de la narcosalas. Con el paso del tiempo, ¿se ha arrepentido o sigue defendiendo su utilidad en el momento actual?.

-La primera narcosala en España efectivamente la instalamos nosotros desde la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid y lo hicimos con el viento en contra de partidos políticos «progresistas», del Gobierno central de entonces e incluso en contra de la propia ONU, y no nos pesa. Era de recibo echar una mano a unos enfermos que morían a diario entre ratas y basura y darles la única posibilidad de creer en la sociedad. Nunca me he arrepentido de tal iniciativa, miles de pacientes están ahí para demostrarlo. Hoy con la heroína en decadencia ya hay poco hueco para las narcosalas, pero siempre deberemos tener algún tipo de dispositivo para recoger a aquellos que nada tienen y nada pueden hacer por ayudarse a si mismos.

-¿Cómo ve las nuevas adicciones al móvil, los juegos en red o Internet?

-Son el gran reto de las dependencias del futuro, ya que las conductas por si mismas son más adictivas, como las ideas, que una sustancia química. Hoy Internet, y los aparatos correspondientes, y los móviles y sus variantes, nos han esclavizado de tal manera que ya se han descrito trastornos graves relacionados con estos sistemas de comunicación en detrimento de las relaciones humanas más naturales y sanas. Aun no sabemos el alcance de tal tendencia pero es seguro que irá a más; no hay más que ver las personas que han perdido la vida en la carretera por hablar con el móvil, o haciéndose un selfie en una posición de riesgo vital... y así muchas otras situaciones dramáticas.

-Usted plantea una ponencia sobre el tratamiento integral de la drogodependencia y su posibilidad de éxito. En su opinión, ¿qué hay que incluir en ese tratamiento global?

-No es posible hoy considerar el tratamiento de las drogodependencias sin un enfoque bio-psico-social en un contexto ético. Los equipos deben ser multidisciplinares e implicados con la familia, el entorno, el ambiente laboral y las amistades. Cada vez es menos creíble un tratamiento único y milagroso en estos trastornos. Y al final hay que tirar de lo que con mucho acierto dejó escrito Gandhi: «Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras, cuida tus palabras porque se convertirán en tus actos, cuida tus actos porque se convertirán en tus hábitos y cuida tus hábitos porque se convertirán en su destino».

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