El reto de defender el derecho a vivir en igualdad


Epasado 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, para reivindicar la igualdad de derechos de la mujer en la sociedad. Un reto que no ha logrado aún conseguir ningún Estado, ni siquiera las sociedades más avanzadas. Las desigualdades de género continúan teniendo múltiples manifestaciones en los países de nuestro entorno. La feminización de contratos de trabajo atípicos (temporales y/o a tiempo parcial), las tasas de actividad y empleo más reducidas en el colectivo de las mujeres, la segregación horizontal y vertical, con acumulación del empleo femenino en categorías inferiores y en sectores feminizados, la dificultad de acceso de las mujeres a puestos directivos pese a su formación, la brecha salarial, la asignación de mayores responsabilidades domésticas y de cuidado a las mujeres, el acoso o la violencia de género continúan demasiado presentes en nuestra sociedad. A todos estos problemas, se suman, mayormente en civilizaciones poco desarrolladas, otras formas de discriminación que hacen de las mujeres un colectivo especialmente vulnerable como consecuencia del patriarcado, un alto grado de violencia, la trata y explotación sexual, el estigma, la explotación laboral… Sin olvidar la violencia y discriminación que sufren mujeres y niñas que huyen de conflictos y guerras en su éxodo hacia países de acogida.

La metáfora del techo de cristal, glass ceiling, describe la existencia de barreras invisibles a las que se ven expuestas, en especial, mujeres trabajadoras altamente cualificadas. Barreras que les impiden frecuentemente, y con independencia de sus méritos, alcanzar los niveles jerárquicos y salariales más elevados en el mundo de las relaciones laborales. Las estadísticas demuestran que las mujeres, que representan la mitad de la población mundial, ocupan un ínfimo porcentaje de los cargos directivos. Barreras, pues, invisibles, sin sustento legal, no perceptibles por los sentidos, pero barreras.

Las políticas de discriminación positiva ayudan sin duda a las mujeres a romper esos techos de cristal y a tener más posibilidades de promoción. El problema del cristal son las consecuencias que se producen cuando se astilla y se hace añicos. Si esos pequeños cristales que representan las dificultades, prejuicios e ideas preconcebidas del pasado, como el reparto tradicional de roles, no se retiran y continúan interiorizadas en buena parte de la población, no se consiguen remover los obstáculos que dificultan la igualdad real y efectiva.

Todos somos partícipes y responsables del mundo que construimos y de su mejora. La Universidad y, en particular, la Facultad de Derecho de Ourense es una institución comprometida en incorporar la igualdad como uno de los valores centrales de nuestra sociedad. Nuestra misión es ofrecer una sólida formación jurídica, exhaustiva y de calidad y defender el derecho de las mujeres a vivir en igualdad.

Por Marta Fernández Decana de Derecho

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