«La sociedad pone a la mujer en la tesitura de elegir si primero es ella o los demás»

Un programa de Cruz Roja las ayuda a adquirir confianza y habilidades para mejorar su autoestima


ourense / la voz

Más del 60% de las personas que buscan ayuda por situaciones de necesidad en Cruz Roja son mujeres. Ellas son también el 65% de las participantes en el programa de empleo de la entidad, que el pasado año ayudó a 838 a preparase para encontrar una salida laboral. Pero además, Cruz Roja tiene un programa específico diseñado para ayudarles en otras facetas.

-¿La exclusión social en Ourense tiene rostro femenino?

-Al menos así parece por los datos que nosotros manejamos. El 54% de las personas que acuden a la entidad y acaban en proyectos de intervención social son mujeres. El pasado año fueron 10.800.

-¿Y todas ellas pasan por el programa específico diseñado para ellas?

-No. En este programa estamos anualmente entre 120 y 130. En 2016 tuvimos 124 usuarias, lo que supone un porcentaje pequeño del total de las que buscan ayuda en la entidad.

-¿Por qué no hay más que se animen a participar en este plan?

-Obviamente esto no es obligatorio. Este programa es voluntario y hay personas que no quieren porque estiman que vienen a lo que vienen y no pueden dedicarle más tiempo que el preciso para lograr el objetivo concreto que les trae aquí. La mayor parte de las mujeres que llegan al proyecto llegan a Cruz Roja por otras demandas; no vienen a informarse sobre igualdad. Acuden porque o bien son familias monoparentales y necesitan ayuda para cuidar a sus hijos, o bien tienen necesidades económicas para afrontar gastos básicos, o porque están en búsqueda de empleo.

-¿Y cómo se decide quién puede beneficiarse de este programa?

-En la acogida que hace Cruz Roja siempre se mira el origen de la necesidad puntual de quienes piden ayuda, sea cual sea su sexo. Si son mujeres y se estima que hay cuestiones que le afectan más por ello, y ese hecho puede suponer una barrera para conseguir solventar esa situación de necesidad o de riesgo de exclusión en la que se encuentran, les hablan de este programa y las invitan a participar.

-¿Cuales serían esas barreras en las que influye el género para llevar a las mujeres al riesgo de exclusión?

-Un caso de lo más habitual es si está separada y con hijos y su marido no la ayuda con las cargas familiares. Esa persona va a tener más dificultades que un hombre para formarse o para encontrar un trabajo. Sabemos que siempre hay excepciones, pero por lo general, no son los hombres los que se quedan a cargo de los niños y por tanto su única preocupación si están en paro es dedicarse a prepararse y a buscar un empleo. Otras vienen a pedir ayuda para, por ejemplo, pagar los recibos de la luz y al indagar en su historia te puedes encontrar con una señora que en los últimos ocho años de su vida no ha cotizado ni ha hecho cursos de formación de ningún tipo porque ha estado cuidando de mayores dependientes de su familia o de niños pequeños. El ir a buscar empleo después de tanto tiempo desconectada del mercado supone una barrera el triple de grande. Un hombre posiblemente no habrá estado desconectado del mercado tantos años por estar dedicado a cuidar de otros.

-¿Qué aspectos abordan en este plan?

-Trabajamos distintas cuestiones: el empoderamiento, el cuidado de una misma, la autoestima. La sociedad pone a las mujeres en la tesitura de decidir si primero es ella o los demás y, generalmente, se deciden por los demás. Aunque la palabra egoísmo suena mal, hay que aprender a ser un poquito egoístas, incluso a veces para poder ayudar a los demás, porque si tú no estas bien difícilmente vas a poder ayudar a los demás. Si no tienes empleo porque te dedicas exclusivamente a cuidar a los tuyos, por ejemplo, a medio o corto plazo va a ser imposible que puedas sacar adelante a tu familia. Hay que encontrar un equilibrio, que a veces es complicado porque entran en juego todos esos sentimientos de culpabilidad, como que si voy a trabajar no voy a poder atenderles bien. Son ese tipo de sentimientos de culpa que no suelen tener los hombres, que se plantean que tienen que trabajar porque es su obligación y no que entre sus obligaciones esté cuidar de su madre, de su padre o de una tía.

-Este año realizarán en el campus universitario un concurso que pretende ser una actividad de sensibilización. ¿En qué consiste?

-Es una adaptación de un concurso televisivo que había hace unos años y que se titulaba «Lo sabe, no lo sabe», en el que salían a la calle a hacer preguntas a los viandantes y estos tenían que elegir a otras personas que pasasen por allí y apostar a si sabían o no la respuesta. La mecánica es la misma, pero preguntamos cosas que tienen que ver con la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad de derechos o con términos que habitualmente se utilizan, como a qué nos referimos cuando usamos el término de techo de cristal, por ejemplo.

-¿Es la primera vez que lo hacen?

-No. Lo hicimos por primera vez hace cuatro años y fue en la calle, en la praza do Ferro, aprovechando que era un sábado. La verdad es que mucha gente se animó a participar, aunque tengo que decir que pensábamos que iban a acertar más de lo que acertaron. Este año lo haremos en el campus porque es un día laborable y es más complicado que la gente se pare, sobre todo si le da por hacer mal tiempo.

-¿Esperan un porcentaje de acierto mayor?

-Suponemos que sí, porque es en el Edificio de Ferro, donde hay Educación Social y Traballo Social, en las que se imparten materias relacionadas.

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