«Las empresas son hoy más receptivas»

Una docena de usuarios de Down Ourense lograron un empleo el pasado año


ourense / la voz

El número 13 no siempre es negativo. De hecho para la asociación Down Ourense ese año de su historia, que corresponde al pasado ejercicio 2016, ha supuesto algunas alegrías. Entre otras, haber conseguido el mayor número de inserciones laborales de toda su trayectoria. Ha sido también el año en el que la entidad ha pasado un amplio examen de gestión que le ha permitido estrenar el 2017 incorporándose a la exigente lista de oenegés acreditadas por la Fundación Lealtad al cumplir sus estándares de eficacia y transparencia.

-¿Qué supone en la práctica tener esa acreditación?

-Poder llegar con más facilidad a empresas y fundaciones para que colaboren con nosotros. Hay algunas firmas, sobre todo las de ámbito nacional, como bancos, grandes constructoras o eléctricas, que solo entran si tienes ese reconocimiento porque para ellos es una garantía y no tienen que ponerse a investigar para asegurarse de que esa aportación que quieren hacer será efectiva y va a estar bien gestionada.

-¿Han tenido que cambiar algo en el funcionamiento de la entidad?

-En realidad no gran cosa, porque ya estábamos realizando casi todo el trabajo en la misma línea que exige la fundación. Hace seis años que nos dimos cuenta de que teníamos que orientar algunos aspectos, como el comunicar mejor hacia fuera lo que somos, lo que buscamos y cómo lo hacemos. Eso es esencial para tener más implantación en la sociedad, para que la gente te conozca y tanto las familias y los potenciales usuarios, como los colaboradores confíen más en ti. Si no saben que existes ni te van a derivar desde otros servicios a posibles usuarios ni, por ejemplo, vas a tener fácil convencer a una empresa de que la integración laboral de una persona con Down es posible. Aparte de ese aspecto, también llevamos tiempo mejorando tanto en los servicios como en la gestión y, de hecho, tenemos los certificados de calidad Aenor desde el 2010. Lo que sí hemos hecho es una nueva web, publicando más datos y resultados; y una auditoría.

-¿Antes no lo hacían?

-No porque no llegamos al mínimo que marca la ley, de 300.000 euros de presupuesto, que es lo que marca la obligación de auditar las cuentas. Pero la Fundación Lealtad lo exige. No resultó difícil porque, salvo el típico gasto pequeño como comprar una bombilla, nosotros siempre hacemos todo a través de banco, y hay justificantes de todo.

-¿Cómo están en lo económico?

-Nos mantenemos sin deudas, no tenemos déficit y mantenemos siempre un pequeño remanente que es muy necesario porque para optar a algunas ayudas tienes que justificar el gasto antes de recibirlas y eso supone que ejecutar primero el proyecto y adelantar el dinero. La única forma de hacerlo es tener algo de tesorería porque, de otro modo, tienes que pedir préstamos y eso va a suponer un problema. Ese remanente también sirve para que las familias confíen cuando afrontamos la obra que hubo que hacer en la nueva sede; o en la práctica de los servicios. Por ejemplo, en el 2016 tuvimos que afrontar el incremento de personal para apoyar el programa de empleo, porque aumentó el número de personas trabajando. Ha sido un gran año en este sentido porque de una bolsa de empleo de 20 personas, una docena han tenido trabajo en el 2016.

-¿Eso responde a un cambio social o de las empresas?

-Supongo que los dos van ligados. Las empresas son ahora más receptivas y su nivel de empatía es mayor. Cuando llegas ya te conocen y es más fácil porque están más interesadas en saber cómo pueden colaborar, aunque no sea en la inserción. Hay que tener en cuenta que, dependiendo del tipo de puestos de trabajo que tengan, sobre todo si son muy especializados, puede ocurrir que no encajen con los perfiles que tenemos aquí.

-¿La entidad depende mucho de las subvenciones públicas?

-Nosotros nos mantenemos con ingresos públicos y privados pero ya hace años que tenemos un equilibrio que nos aporta bastante tranquilidad porque los primeros rozan el 55% y los segundos el 45% del presupuesto. En ese último capítulo están desde las cuotas de socios por actividades a cursos financiados por otras entidades, colaboraciones de empresas y obras sociales, aportaciones de personas físicas o captaciones de fondos como la venta de lotería o de calendarios, por ejemplo.

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