Vitoria


Los amantes del baloncesto -y en Ourense son legión- disfrutaron de un espectáculo que año a año se repite por distintos puntos de la geografía española. En esta ocasión Vitoria se engalanó para recibir a ocho de las aficiones más bulliciosas del país y las imágenes que exportaron al mundo no pudieron ser más vistosas, en vivo, por televisión o incluso por vía de las inefables redes sociales.

Valga el botón de muestra de ejecutivos tan pragmáticos como los de la NBA, que ya calibraban desde hace años la posibilidad de incorporar a su cargado calendario un torneo de estas características en las fechas que hoy dedican a la pachanga del All Stars. Y es que en España, lo de organizar las ligas FEB aún no se lo tomaron a pecho -al menos en la práctica- pero la ACB algo sabe de darle protagonismo a las canastas de Llull o de las distintas generaciones de jóvenes que se aventuraron tras los pasos del fallecido Fernando Martín o del incomparable Pau Gasol.

Y nuestra capital ourensana, que siempre tuvo esa vocación baloncestística con gusto por los certámenes más brillantes y llamativos, recordó una vez más que nos gustaría estar allí. A la vez que el COB se cose las heridas de su ascenso frustrado con un nuevo proyecto deportivo ilusionante. Tanto, que ya huele a playoff. Las comparaciones, suelen ser odiosas y, sin soberbia alguna, lo cierto es que Marín no es la cancha que se merecía un club de la talla del que habita en el Pazo. Vale que lo de endeudarse hasta las cejas sonaba fatal y, quizás, no era el momento, pero ahora que nos acercamos otra vez al caramelo, no me nieguen que sabía bien todo lo de Vitoria.

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