En la génesis de la noche ourensana

Carlos Álvarez, «Charly»: «Ojalá los sábados de ahora fueran como los jueves de universitarios de antes»


ourense / la voz

La vida de Carlos Álvarez Méndez (Ourense, 1968) no se puede entender sin el casco viejo. Entre monumentos y calles repletas de historia pasó su infancia. De ella recuerda con especial cariño los partidos de fútbol en improvisados campos que utilizaban de portería una de las entradas de la catedral de Ourense. La zona, recuerda, ha cambiado radicalmente. «Se transformó y cogió calidad. En mi infancia la plaza de Los Suaves era de tierra y el Correxidor, con su última reforma, dejó de tener tierra y piedras mal colocadas. El cambio fue abismal». Pero no solo eso, también mudó la idiosincrasia del vecindario. Antes, explica Carlos Álvarez, todo era más familiar: «Había más niños. Ahora en el casco viejo, como mucho, hay gente más joven o estudiantes, pero ya no hay familias».

En esa transformación el impacto de la hostelería ha sido brutal. Y es que la imagen actual de las calles históricas repletas de terrazas con negocios de hostelería y bares abiertos hasta altas horas de la madrugada era impensable en la época previa a la democracia. «Cuando estaba el cuartel militar de San Francisco hasta las nueve y media o diez no se daba andado por la calle porque había ambiente de vinos, pero después coincidiendo con que se iban los militares ya no quedaba nadie en la calle», detalló.

Y luego a finales de los ochenta y principios de los noventa llegaron los pubs -Carlos Álvarez prefiere llamarlos bares de música- para cambiarlo todo. Él se empapó de ese ambiente y el destino quiso ponerlo al frente de uno de esos locales, el Ceda el Vaso. 24 años después ahí sigue, al pie del cañón. El local se encuentra al final de la calle Lepanto, en un edificio familiar, y que anteriormente era el Bar Rúa, también propiedad de sus antecesores. «Empecé en la noche de casualidad. Teníamos ese local. Una persona lo trabajó muy bien como pub durante cinco años y yo y el que fue después mi socio decidimos probar». ¿Y por qué ese nombre? «Lo discutimos entre varios amigos. Surge de un grupo de música del País Vasco, que me lo descubrió un amigo y que todavía sigue en la brecha. Y aunque es muy largo, al final triunfó y todo el mundo lo conoce por el ‘Ceda’. Es un local auténtico de primera hora. Era un bar con un ambiente muy sano. La gente quedaba allí y empezaban una ruta de siete u ocho locales, no como ahora»».

Con el paso de los años el pub se convirtió en un referente de la primera hora de la noche ourensana. De jueves a sábado transitar por la calle Lepanto exigía una elevada dosis de paciencia. Era esa época en la que no había móviles ni WhatsApp y había que salir de casa para encontrar a los amigos. En esa calle hasta las tres de la madrugada sabías que te ibas a encontrar a unos cuantos. «Es una calle que siempre tuvo mucha gente. Antes no había ni una sola terraza y aun así no se andaba. Ahora no pasas, pero por culpa de las mesas. Es algo casi excesivo».

Tras casi un cuarto de siglo al frente de un local de copas, Carlos Álvarez las ha visto de todos los colores. Del bum inicial a alguna crisis y al gran tirón de principios de los 2000. Sin embargo, el hostelero asegura que nada parecido a lo que se vivió en los últimos años y que se ha llevado por delante a un gran número de locales: «Ya no estamos en la peor racha, pero hace cuatro años la crisis se devoró a muchos locales. Nosotros aguantamos a trancas y barrancas. Ahora lo normal es que un local de noche dure cinco o seis años, seguirlo manteniendo de moda es difícil. Nosotros estuvimos de moda durante mucho tiempo y había cola para entrar, pero ahora no es el caso».

En el escenario actual, reconoce que el botellón es «lo que más daño hace», aunque también reconoce que los hábitos de la gente han cambiado. «Antes la gente venía de jueves a sábado todo el año. En la época buena de los universitarios, los jueves venía gente de toda Galicia. Ojalá los sábados de ahora fueran como aquellos jueves de antes».

Quién es. Carlos Álvarez Méndez, «Charly» nació en Ourense en 1968.

Su rincón. «En el entorno del casco viejo, desde la calle San Pedro a la Lepanto y la plaza del Corregidor, pasé mi infancia. En ese triángulo me crie. Jugábamos al fútbol y cruzábamos la catedral desde Lepanto hasta la Magdalena».

De la trayectoria en los banquillos del fútbol provincial a dirigir un proyecto con presos

La otra faceta vital de Carlos Álvarez -«Charly» en el mundillo futbolístico- nada tiene que ver con la noche. De las pachangas en las calles del casco histórico dio el salto al CD Ourense, donde inició su carrera futbolística. Lo suyo era entrenar y desde los 16 años se dedicó a la formación de futbolistas. Pasó, entre otros, por el Pabellón en todas sus categorías, Barbantes, Velle, selección ourensana y Ourense C. F.

Desde hace tres años se encuentra involucrado en un proyecto de la Federación Española de Fútbol que se traduce en un módulo de fútbol con presos. Es una experiencia, asegura, que le ha enriquecido mucho como persona: «Se apuesta por la integración y por hacer grupo». Sobre compaginar su labor de entrenador con la de estar al pie del cañón en un pub, Carlos Álvarez recuerda con humor: «Casi siempre cogías a algún jugador a deshora. Eran, sin embargo, una minoría porque el 90 % se comportaban porque el fútbol era su pasión».

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