«Antía Cal se soltó y se dejó llevar»

El ourensano repasa la vida de la pedagoga que fundó un colegio innovador en Vigo


vigo / la voz

El realizador Miguel Piñeiro (Ourense, 1965) no tuvo que irse muy lejos para encontrarse con un personaje con un perfil cinematográfico como el de Antía Cal. En reuniones familiares, le bastaba con adentrarse en el salón para toparse con esa mujer de arrolladora personalidad e interesante pasado, ya que la revolucionaria pedagoga es su suegra. Piñeiro, que reside entre Brión y Madrid, asegura con humor que no le propuso protagonizar el documental que repasa su vida para convertirse en el yerno favorito. «¡Al contrario!», subraya. Después de muchos meses de trabajo llega hoy a las pantallas A palabra xusta. La película cuenta en poco más de una hora la historia de una maestra comprometida que fundó en Vigo el Colegio Rosalía de Castro, que fue como un faro para la nueva pedagogía.

-¿Cuándo se planteó la posibilidad de hacer la película?

-Me parecía importante contar en un documental la revolución pedagógica que había sido para Vigo el colegio que ella fundó, un centro donde a principios de los años 60 ya enseñaban inglés y gallego y los niños empezaban con 3 años. El caso es que Antía Cal ya tiene una edad. 92 años tenía cuando arrancamos el proyecto. Estando en la casa familiar en Muras, en Lugo, que suele permanecer la mayor parte del año cerrada y parece como si estuviera parada en el tiempo, parecía que era un buen momento para que hablase ayudada por ese entorno. Ella siempre dice que la madre es la primera maestra de un niño y se trataba de reflejar cómo fueron sus primeros años en ese sentido.

-¿Se podría decir que la casa es un personaje?

-En cierto modo, sí, y además con un papel muy destacado, porque el espacio ofrece un lenguaje cinematográfico muy interesantes y unas texturas cargadas de experiencia. Por otra parte, se encontró un archivo de imágenes que tenía muchísimo interés.

-¿Cómo fue la grabación?

-Lo que hicimos fue juntarnos allí durante 15 días para iniciar una conversación larga sin apenas guion, solamente con dos o tres apuntes para seguir. Pero en ese proceso también aparece una caja de cartas en una buhardilla, ordenadas y numeradas, que se habían cruzado ella y su marido, el oftalmólogo Antón Beiras, durante su noviazgo. En total eran 601 misivas y vimos que el estilo epistolar de él, que era como un hombre renacentista, científico, fotógrafo y poeta, nos proporcionaba una estructura de guion muy interesante que nos va llevando por la historia y nos conduce por toda la vida de Tita, que es como familiarmente la llamamos todos. A ella le sirvió para poner al día sus recuerdos y nos permitió convertir en coprotagonista a su marido.

-¿Cómo lo llevó Antía Cal?

-Ella se dejó llevar. Rápidamente cogió confianza ante la cámara y con todo el equipo y se soltó con pequeñas reflexiones muy contemporáneas sobre la educación. Tita era consciente de que nuestra intención era dejar un pequeño legado, un documento audiovisual para futuras generaciones. Ella no le da mucha importancia, cree que no vale para nada, pero que una persona de noventa y tantos años te pueda contar cómo era la vida en los años 50 en Galicia es un apasionante viaje en el tiempo.

-¿Contaron con ayudas para la producción?

-No. No las pedí al principio. No quería hacerlo hasta ver el resultado y ahora sí lo haría, pero como las subvenciones se conceden antes de hacer la obra, nos quedamos sin nada. Es una producción totalmente independiente y el presupuesto se nos fue de las manos superando los 75.000 euros. Hasta de la exhibición nos encargamos nosotros. Lo que vamos a intentar es que forme parte de la red educativa.

-¿Dónde se podrá ver, además de ahora en Vigo?

-Lo vamos a llevar por toda Galicia. Nos gustaría poder exhibirlo en cines por el esfuerzo que hemos hecho de producir en cine digital con una calidad fotográfica muy exigente, que era otro de los retos. La próxima cita será el 19 y 20 de enero en Santiago. El documental tiene música de Nani García, las voces del actor Javier Gutiérrez (que pone la de las cartas de su marido, Antón Beiras) y la actriz Rebeca Montero como narradora que pone voz a la casa.

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