Discololandia


De la nada, en menos de lo que dura un suspiro, ha llegado la diputada del PSOE por Ourense al planeta de los díscolos, lo cual es un salto importantísimo si aspira a ser alguien en su partido. O no, claro, pues siempre dependerá de quien tenga al otro lado para valorar el alcance del calificativo: «desobediente, que no se comporta con docilidad», según el Diccionario. La clave está en elegir a quién se desobedece y si, después de un gesto tan aparatoso, se puede o se debe seguir en un grupo de personas con quienes se discrepa en lo básico. El salto al hiperespacio de la diputada del PSOE la eleva a una categoría exclusiva, la de los díscolos, reservada a muy pocos elegidos. En su caso, además, tiene valor añadido, porque igual hasta se ha convertido en díscola de los díscolos, o sea, de quienes por acción u omisión han generalizado ese proceder para elevarlo a un nivel de deslealtad difícil de superar. Y ahí está la diputada del PSOE, a quien algunos veían como un accidente, como un mero instrumento para un par de puntuales ajustes de cuentas internos. Ella sola ha conseguido lo que otros únicamente osan cuando ya se han acomodado en la otra gran categoría socialista, la de los «afines», básica para entender regates, ascensos, caídas, hoy apelan a los estatutos, mañana invocan a la militancia y pasado mañana, un suponer, al juez. Un lío. Cada cual con sus demonios y sus molinos particulares, pero la base no deja de crecer y empieza a tomar forma la discololandia. Resignación. Dirá el lector que es más eufónico discolandia, y es verdad, pero no puede ser. Es título de disco, con pitufos, payasos de la tele y Parchís, entre otras figuras.

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