«La idea misma corresponde siempre a un proceso patológico»

Julio Jiménez es médico forense y subdirector del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga)


ourense / la voz

Poco a poco, los suicidios como noticia han dejado de ser tema tabú.

-En un problema sanitario como tantos de la salud pública. En Ourense hace ya unos años que se organizó un seminario en el que se analizó como tratar el suicidio. Si se consigue eliminar el efecto morboso de la noticia, viéndolo como un problema de salud, su manejo en los medios de comunicación es importante. ¿Que exista un efecto imitación? Creo que no está demostrado, pero, al aparecer más en los medios, parece que el problema es mayor. El suicidio es una causa importante de muerte y como tal merece un estudio por parte de las autoridades sanitarias y así debe hacerse ver.

-En sus estadísticas contrastan siempre cifras de suicidios y accidentes de tráfico.

-Ayudan a dimensionar los problemas. Comparamos la evolución. Los datos revelan que el número de fallecimientos por suicidio se mantiene estable en los últimos diez años y las muertes por accidentes de tráfico se han reducido drásticamente, lo cual parece indicar que la intervención de varios factores puede reducir la incidencia de un evento traumático.

-En alguna ocasión ha resaltado la ausencia de explicaciones, como que algunas personas toman la decisión de quitarse la vida por magnificar una mala noticia, o por la mera sospecha de enfrentarse a algún problema.

-Las causas siempre son muy variables, pero existe siempre de fondo una enfermedad psiquiátrica, o una patología, que hace que el paciente perciba que sus padecimientos solo tienen una solución. Esta forma de ver los problemas es lo que debe cambiar. El mismo problema en personalidades distintas se afronta con distinta solución.

-En algún momento se habló con fuerza del «suicidio lúcido»...

-Sería, se decía, aquella situación en la que una persona, en un razonamiento lógico, pausado, sopesado y como única alternativa a una situación, ve el suicidio como única salida, como una forma de eutanasia. Ese concepto ha evolucionado a lo largo del tiempo. Efectivamente, puede ser razonado y valorado dentro de la lógica como una alternativa, pero siempre existen otras. El problema es que la opción del suicidio es irreversible, no hay vuelta atrás. Un enfoque distinto del problema que sea, puede hacer ver al paciente que existen alternativas, incluso que lo que hoy ve como única salida, en unos meses puede no ser así, lo que hace pensar que la idea de suicidio corresponde siempre a un proceso patológico, susceptible por la tanto de tratamiento.

-Una percepción equivocada puede, en ese caso, ser fatal...

-Todos los años vemos casos así, situaciones sobre las que sería fácil incidir. Hablamos de sujetos que en situaciones banales, o con síntomas inespecíficos, ven enfermedades graves, terminales, o que podrían suponer graves sufrimientos. Hacen un procesamiento mental patológico, ven algo irremediable y el miedo a enfermedades crónicas y graves hace que se decanten por una huida hacia adelante, cuando realmente se trata de procesos de poca relevancia. Sucede en personas de edad avanzada, con miedo a la soledad, a las enfermedades prolongadas o a las que puedan presentar graves sufrimientos o limitaciones físicas importantes: el miedo a un cáncer tras un catarro banal, el temor a no poder caminar, a ser una carga, a padecer enfermedades con deterioro progresivo. Son casos que el paciente no comenta ni con su médico ni con su familia y que lo llevan a tomar esa triste decisión.

-¿Algo diferente en Ourense?

-Estamos en la tasa media de Galicia. Con menos habitantes, lógico, hay menos casos, pero la media ronda los 34 casos al año, similar a la de Galicia.

-¿Diría que el suicidio es un fracaso de la sociedad?

-No. Estuvo y está presente en todas las sociedades. Debemos verlo como signo de un proceso mental, pero con un daño irreversible. Si no fuera por esto último, sería tratable, pasaría desapercibido y formaría parte del cuadro

sindrómico de muchos procesos. Las sociedades intentaron reducirlo, castigando incluso al propio suicida. Uno de los graves problemas que lleva asociado es el daño y las secuelas que el suceso deja a los allegados. A cualquier muerte se le puede encontrar justificación. Se culpabiliza al sistema sanitario, a la enfermedad, a la velocidad o a la carretera, pero en el suicidio no encuentra el allegado, el familiar, una explicación. Se llega a culpabilizar, incluso, por no haberlo evitado, por no haber estado atento, no o haber valorado la importancia que la víctima daba a alguna cosa, cuando precisaba tratamiento y ayuda psiquiátrica.

-¿Se debe hablar de prevención?

-Naturalmente. Hoy está claro que es la mejor terapia en cualquier proceso patológico. Y en este también lo es. La búsqueda de factores que permitan detectar el riesgo es el mayor reto de los psiquiatras, que en muchas ocasiones viven el suicidio como un fracaso en su intervención. Creo que tenemos un reto en potenciar las unidades de prevención para mejorar la detección de los factores de riesgo.

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