«La violencia se cuela en la realidad»

La autora argentina Claudia Piñeiro repasó las claves de su obra literaria y su relación con Galicia


ourense / la voz

La escritora Claudia Piñeiro está en estos días en Ourense participando en el 82 Congreso PEN Internacional. La autora argentina, con ascendencia gallega por las dos ramas familiares, compartía mesa redonda el miércoles con Xosé Luís Méndez Ferrín y con Luís González Tosar en el Liceo de Ourense. En el encuentro Galicia, ponte literaria estaba previsto que participase también Nélida Piñón, aunque una indisposición de última hora le impidió incorporarse a la mesa redonda. En el salón de actos de Afundación en Ourense se celebró ayer una nueva cita del ciclo A Viva Voz. La cita organizada por La Voz de Galicia se convocó bajo el título Diálogos con la escritora Claudia Piñeiro. Una gallega de aquí y de allá y la autora estuvo acompañada por el periodista y escritor Luís Pousa.

Algunas de las claves de la obra literaria de la autora, anécdotas y otros aspectos fueron abordados en la conversación entre Piñeiro y Pousa. En relación a su conexión gallega, la escritora reconoció que la influencia procede mayoritariamente de la rama ourensana por circunstancias familiares: «Mi padre se fue con cuatro años y su madre se murió cuando él era muy pequeño. Quizás por eso no tenía recuerdos o una memoria y unas costumbres que transmitir. En la caso de mi madre, sus padres eran de Laza y Nogueira de Ramuín, se hablaba gallego y cada poco tiempo aparecía gente por allí que le decían familiares. Aunque en realidad no eran tales, sino que eran paisanos de aquí que iban de visita».

Desveló la escritora argentina su pasión por las carreras de humanidades, aunque remató cursando Económicas porque la dictadura militar había cerrado las facultades de letras. Y recordó el punto de inflexión que cambió su vida: cuando viajaba en un avión hacia San Pablo para hacer una auditoría en una fábrica leyó un anuncio en un diario económico referido a la convocatoria del premio La sonrisa vertical. Estaba harta, necesitaba dar un giro a su vida y la perspectiva de hacer un informe sobre los tornillos y las tuercas le provocaba el llanto. Pidió un permiso para escribir su obra y cuando se enteró que era una convocatoria de literatura erótica recurrió a unos cuantos referentes -«Me fui a Miller, Anaïs Nin y otros para ponerme en materia y ver que podía introducir en la obra»- para adaptarse al género. El secreto de las rubias quedó entre las diez finalistas del concurso de Tusquets, aunque nunca llegó a publicarse.

Reconoció, cuando Pousa le recordó que un crítico escribió en su día «Alfred Hitchcock es una mujer que vive en Buenos Aires», su admiración por la obra del cineasta o por la de Patricia Highmisth, aunque dijo no sentirse adscrita a la novela negra como tal: «Solo Betibú es novela negra. Lo que pasa es que cuando escribes sobre la sociedad actual lo que ocurre es que la violencia se cuela en la realidad».

Aspectos como su muerte -una persona introdujo su fecha de fallecimiento en Wikipedia-, su extroversión -llamó al electricista para preguntarle si con «un cable arrojado a la pileta puedo matar a tres personas». Tras la sorpresa inicial, el señor se presentó a los diez minutos con un informe sobre cómo podía ser la electrocución y usó los datos para su novela- o el papel jugado por los premios en su carrera fueron aspectos abordados en la conversación. Claudia Piñeiro reconoció que conseguir el Premio Clarín con Las viudas de los jueves -de la que se vendieron más de medio millón de ejemplares- se convirtió en un revulsivo para su carrera.

La alargada sombra de Borges y Cortázar sobre los escritores argentinos o su maestría para construir los personajes fueron otros aspectos abordados.

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