«Duele pensar ahora cómo insistías con el implante cuando él, lógico, lo arrancaba»

El padre del niño autista ourensano a quien operaron de sordera lamenta que en ocho años ni lo llamaran a revisión


ourense / la voz

El niño autista a quien con menos de tres años se le hizo en el hospital Xeral de Vigo un implante coclear, como solución a una supuesta sordera, se resistió siempre a llevarlo. «Lo aceptó fatal desde el primer momento. Se lo arrancaba, se lo quitaba, lo tiraba, lo mordía, hacía todo lo que podía para quitárselo de encima. Nosotros no lo entendíamos. Y se lo volvíamos a poner. Nos habían dicho que era sordo y que debía llevarlo para ir acostumbrándose. Duele pensar ahora cómo insistíamos cuando él, lógico y natural, se lo arrancaba», recuerda Ángel Rivera, el padre del chico, que ahora tiene 14 años y lleva ocho con la parte interna del implante dentro de su cabeza.

La exterior la tiene aún en su poder, tras habérsela retirado después de que un estudio realizado en un hospital especializado en Barcelona determinara que el niño no era sordo, sino autista. No le servía para nada.

El padre del menor, que en el año 2005 recibió el implante cuya parte externa le fue retirada en el 2007 al resultar no solo inútil, sino además estar contraindicada, dice entender que una máquina puede fallar, como que una persona se puede equivocar, pero no la actitud mostrada por los profesionales médicos que no aceptan lo que ve como un error indiscutible. Volviendo al principio, cuando perciben síntomas que no comprenden en el menor, las primeras consultas les sugieren, por ese orden, sordera, autismo o tumor cerebral. El primer diagnóstico era de sordera. Con una única prueba. «¿Puede ser otra cosa?, preguntamos. ¿No le llega con que sea sordo?, nos contestaron. ¿Qué haces, discutes con un médico de lo que él sabe?».

Ángel Rivera cuenta que de estos años y de los sinsabores que le ha tocado vivir le queda, entre otras muchas cosas, la imagen del especialista del hospital Saint Joan de Deu, de Barcelona, cuando le estaban haciendo la prueba de los potenciales evocados. «Ves que se lleva las manos a la cabeza y piensas lo peor: un tumor. Pero no, era la sorpresa de aquel hombre a la vista de los resultados que se le mostraban en la pantalla: le resultaba incomprensible que se le considera sordo y le hubieran hecho el implante coclear con una prueba que a él, igual que otras anteriores, le decía que había sordera, sí, pero solo en un oído, precisamente el del implante».

La parte externa del equipo, cuyo precio en el momento de la intervención rondaba los 12.000 euros, la tiene Ángel en casa. Sin uso, sin destino y sorprendido tanto de que no se la hayan pedido como de que a su hijo no lo hayan llamado desde hace más de ocho años para hacerle algún seguimiento. Ni siquiera, como ha advertido a la Administración, después de que en julio del 2014 se haya incluido a los portadores de implante coclear como grupo de riesgo de meningitis.

Sin explicaciones

Cuando le dieron el diagnóstico definitivo de autismo y audición perfecta en uno de sus oídos buscó explicaciones en los profesionales de Vigo que habían llevado a su hijo al quirófano. «Ni siquiera se han molestado en decir que fue un fallo de la máquina», lamenta el padre del pequeño. Falló todo, cree, a pesar de que se trata de una intervención cara con una pieza costosa, según la Administración ha reconocido en la contestación a la demanda presentada por la familia, que reclama 550.000 euros por los daños y perjuicios provocados por la intervención.

El caso se sigue en un juzgado de lo contencioso de Ourense, donde esta misma semana declararon gran parte de los peritos. Y donde el padre del pequeño pudo escuchar cómo el médico que diagnosticó y practicó la intervención atribuía a la maduración cerebral que primero pareciera y luego fuera autista. Si se trata de un caso tan excepcional, se pregunta cómo es que no es objeto de atención y estudio en todo el mundo. Después de haberse empapado de información sobre implantes, sordera y autismo, asegura que no ha encontrado nada igual que esté documentado y sea tan inexplicable como lo ocurrido a su hijo.

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