Las consecuencias


Creo que uno de los grandes problemas de la sociedad que entre todos nos encargamos de construir es que, en demasiadas ocasiones, nuestros actos no tienen consecuencias. Lo explicaba muy bien la Supernanny en la tele. Si un padre advierte a su hijo de que no irá al parque si no recoge su habitación y, finalmente, el niño no la recoge (incluso destroza un poco más) pero acaba balanceándose en los columpios, lo que realmente le está enseñando es que su mal comportamiento no tiene consecuencias. Ergo el chaval va a seguir haciendo lo que le dé la gana porque no escarmienta. Y así hasta el infinito.

Ojo, que no se trata solo de señalar a los niños a la hora de poner ejemplos que ilustren la realidad de esta sociedad cada vez más irresponsable. Ahí tenemos, lejos pero siempre cerca, a José Manuel Soria, que casi nos la cuela con lo del Banco Mundial. Con la desventaja de que él sale en los titulares de manera que, en este mundo del revés, hay quien hasta aspire a ser como él. No crean que es una excepción en el país en el que los que cumplen las normas son, a vista de estos personajes, unos gilipollas.

Si el Concello de Ourense mantiene su actitud en lo que respecta a la obra más esperada por los conductores de la ciudad, estará contribuyendo a malcriarnos un poquito más. Por mucho que el gobierno local se amarre a cuestiones técnicas para defender el proyecto de reforma lo cierto es que, con los coches aparcados en batería, el autobús no cabe. Así que la reforma, bien bien, no podía estar. Pero no pasará nada. Se repintarán las plazas en otro sentido (el coste es lo de menos; es más el «conceto») y a esperar que el tiempo acabe con el bochorno. Sin consecuencias -para los responsables de esta actuación- no pasará nada. Solo que seguirá ahí la opción de que la papeleta vuelva a salir, en otra obra, en otra calle, en otra ocasión.

Este discurso mío de las consecuencias hila con uno de los objetivos que tenía el Concello a la hora de sustituir los aparcamientos en línea por los de batería. Aseguraba el alcalde que se trataba de evitar la doble fila. La doble fila (portarse mal) no se evita dejando menos espacio para pasar. Se evita con polis y con multas. En definitiva, ateniéndose a las consecuencias.

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