Ourense recupera la batalla de flores

Ocho carrozas desfilaron en la recuperación la cita que llevaba dos años sin celebrarse


Ourense / La Voz

Apenas había arrancado el desfile en su punto de origen en el barrio de A Ponte y ya las aceras de la calle progreso acogían a un público expectante y, por qué no decirlo, devoto de quienes son los verdaderos protagonistas de la batalla de flores: los niños. Porque los más madrugadores fueron, como siempre, los abuelos. Incluso aquellos a los que los achaques de la edad facilitaban la presencia, estuvieron. Algunos se bajaron la hamaca de playa y otros acudieron en silla de ruedas, pero todos fueron lo suficientemente hábiles ?el valor de la experiencia? de ubicarse en lugares en los que no les cayó ni un rayo de sol que aumentase ya la de por sí alta temperatura.

A ellos se unieron muchos otros ourensanos según avanzaban los minutos y el desfile avanzaba en su recorrido hacia la artera principal de la ciudad. La ocasión lo merecía. Después de dos años de ausencia se recuperaba una cita que para muchos sigue siendo un emblema de las fiestas de Ourense. «Eu xa ía de pequena nas carrozas; era un sentimento especial. Moi bonito. Sentíaste como unha raíña alí arriba e miña nai, a pobre, pasaba toda a noite cosendo para ter o vestido», recordaba ayer muy emocionada Pepucha, que acudía con sus sobrinas, recién llegadas de Madrid para pasar unos días de vacaciones y que miraban sorprendidas el espectáculo. «Esto nosotros lo tenemos en Carnaval», apuntaba Elisa, la mayor de ellas, que se ganó una ilustrativa explicación sobre las singularidades y diferencias de las dos fiestas por parte de su experta tía.

Ocho carrozas compusieron ese renacer de la batalla que quizá algún día fue de flores pero hoy es de confeti y serpentinas. Y musical. Porque varios grupos escoltaban cada una de las composiciones móviles en una amalgama de sonidos que iba desde las gaitas a la más festiva de las charangas. Por cierto que en este último capítulo levantó más de una carcajada la del grupo Sorcha que lucía un cartel con la cara de Julio Iglesias en el que se podía leer: «Vas a bailar hasta el pasodoble... y lo sabes!».

También hubo aplausos para los gigantes y cabezudos que demostraron su aguante físico sin parar de bailar en todo el recorrido, pese al calor aumentado por los atrezos. «Estes si que teñen mérito», decía Ignacio que consideraba «moi boa idea que recuperen este desfile, porque é an propio noso como o Santo Cristo».

Pero los que se llevaron de verdad el cariño del público fueron los jóvenes ocupantes de las carrozas ?más niñas que niños, como es habitual? que sobresaliendo entre jardines exóticos, setas, flamencos, ciervos o mariposas gigantes, e incluso de cascarones de huevo en un mágico nido de cigüeñas no dejaron de saludar, sonreír y tirar confeti y caramelos hacia el público.

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