«Estaba tapado. Levantamos ramas, con dúbidas, ata que vin o calcetín»

El hombre que encontró los restos de Socorro Pérez hace un año recuerda que él y sus dos compañeros dudaron de su hallazgo hasta que vieron la prenda de ropa


Ourense

La investigación sobre la muerte de Socorro Pérez, superado el año del hallazgo de sus restos, sigue protegida por el secreto sumarial. Pepe Vidal Fernández, el hombre que encontró su cadáver el 6 de junio del 2015 bajo un capa significativa de maleza, sigue sin entender lo ocurrido. No especula, aunque la policía tiene claro el móvil sexual. No había vuelto al lugar, pero accedió a acudir hasta allí para escarbar en la memoria, comprobar que ahora está más limpia la zona y preguntarse cómo es posible que no la hubieran descubierto antes. Porque estaba a unos treinta metros de la carretera y relativamente cerca de una urbanización, aunque la pendiente del terreno dificultaba la búsqueda. Reflexiona ahora Pepe Paderne sobre dos detalles que, con otro enfoque del suceso, tal vez hubieran permitido anticipar el hallazgo y, de ese modo, se hubiera conservado alguna prueba que condujera al autor del crimen. De poco sirve, sin embargo, esa mirada hacia atrás.

El 6 de junio del 2015, sábado, cuando este cazador y amigo del padre de Socorro se aventuró por una zona que le estaban señalando unos cuervos que subían y bajaban, le sorprendió la presencia de un chándal. Estaban enrolladas las dos partes y, prácticamente al lado, sin tiempo para reflexionar, «xa vin que asomaba algo entre a frouma, algo que parecía unha cabeza boca abaixo». Tampoco hace falta bajar al detalle para imaginar su estado. Estaba suelta. Aquí interrumpe Pepe su relato para recordar que en los primeros días de búsqueda, en aquella misma zona, habían encontrado parte de un chándal. Otro. No era de Socorro, según confirmó entonces su padre, por lo que no insistieron mucho en aquel escenario. Había demasiada maleza. Una pena, posiblemente, reflexiona ahora. De haber profundizado en aquel lugar tal vez hubiera aparecido antes.

Con cuidado, vuelve a la narración de lo vivido hace un año, indica que le dio la vuelta con el pie. Asomó una dentadura y fue entonces «cando me entrou unha impresión que parecía que...», dice, pisando el mismo lugar, sin acabar la frase, con el gesto de cerrar los puños a la altura de la cintura y subirlos hacia el pecho.

Habían quedado varios vecinos aquel 6 de junio, sábado, para dar otra batida antes de la concentración prevista para mediodía. «Por unhas cousas ou outras, só nos xuntamos tres, polo que decidimos limitarnos ao monte do seminario. Ao que saíra. Cada un colleu o seu carreiro. Eu entrei por un, saín, collín outro e tamén movín o coche, que aparquei nunha explanadiña na carretera que leva a unha urbanización que queda alí á beira. Vin os corvos sobre uns piñeiros, que baixaban e que ao andar eu por alí, marchaban. Non se arriman cando hai persoas. Naquel momento veume a idea de que algo buscaban, ou algo había, pero non podía imaxinar o que ía atopar nun instante», recuerda.

Llamó Pepe a sus dos compañeros. Era un cráneo. «Cunha vara fomos tratando de ver o que había. Nun primeiro momento non tivemos claro se podían ser restos dalgún animal. Estaba todo tapado. Fomos levantando frouma e ramas con moito coidado, sempre con dúbidas. Ata que vimos o calcetín. Xa non había moito máis que pensar, e chamamos ao Modesto e á policía», dice Pepe Paderne que esperó para mostrar el hallazgo y dejar a otros el trabajo de dejar a la vista la parte inferior del cuerpo, que, por lo que lo poco que ellos observaron, estaba en mejor estado. Los calcetines, sea como fuere, les dieron la confirmación de que estaban ante restos humanos. Con los restos del tronco no lo tuvieron claro. Los zapatos, con todo, ni los vieron ni les consta que se recuperaran. «Eu, dende logo, non os vin, e penso que cando fomos a declarar á comisaría, cada uno de nós nunha sala diferente, dixérannos que non apareceran», dice ahora. «O que é seguro é que non tiña posto o chándal cando a taparon coa frouma e con ramas».

Perros adiestrados

Segundo apunte. Cuando mira hacia atrás, este hombre -que desde el primer momento se implicó en la búsqueda por ser amigo del padre de la víctima- lamenta los retrasos y la concentración de esfuerzos en las orillas del Miño. «Houbo un día, ao principio, que esperabamos a un grupo do Ribeiro, que se falaba que ían traer cans adiestrados. Quedaramos de ir por aquí, precisamente, pero chamaron para decir que os mandaban cara ao río. Ala foron. Tempo perdido».

La policía vuelve sobre sus pasos en la búsqueda de flecos para aclarar el caso

La familia de Socorro Pérez espera respuestas. La policía, mientras, trabaja en la revisión de una investigación que se ha visto penalizada por un enfoque inicial distorsionado, que retrasó el hallazgo de un cuerpo muy deteriorado, tras un mes a la intemperie, con lo cual se destruyeron eventuales pruebas, huellas o restos genéticos del agresor.

La desaparición de Socorro Pérez no llegó de entrada a la unidad de delincuencia especializada y violenta (UDEV). En un primer momento, tras la denuncia al día siguiente de la desaparición, la policía apostó por una marcha voluntaria o un suicidio, en contra de la opinión de la familia, que negaba la pretendida depresión de la mujer. En este suceso, contrariamente a lo que había ocurrido con otras desapariciones de personas en la misma época, tampoco se registró en Ourense una llamativa movilización de medios policiales para apoyar los rastreos.

El trabajo de los equipos de policía judicial de Ourense se ha visto reforzado puntualmente en los últimos meses con medios de la UDEV central. La pasada semana, además, coincidiendo con el aniversario del hallazgo y el interés periodístico del caso, desde medios oficiales se ha informado de la incorporación de este suceso al grueso de los crímenes sin resolver en España en los últimos veinte años. Un equipo especializado dependiente de la dirección operativa, en Madrid, está revisando el expediente para buscar eventuales flecos de los que aún se pueda tirar y que permitan esclarecer un crimen que, según dicen en la comisaría de Ourense, es una prioridad.

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«Estaba tapado. Levantamos ramas, con dúbidas, ata que vin o calcetín»