«Y después de comer, ¡a trabajar!»

Dos jóvenes de la asociación Down obtienen su primer contrato en el campus


ourense / la voz

Rubén Yáñez tiene 26 años y es cinturón marrón de taekwondo. En cuanto pueda, obtendrá el negro para poder ser profesor de esta disciplina. Ese es su sueño profesional. El personal, independizarse de su familia y tener un piso propio. Entretanto, ha comenzado su primer trabajo con contrato remunerado. Se lo ha ofrecido el campus universitario de Ourense a través del programa de empleo con apoyo de la asociación Down Ourense, de la que es usuario.

El día a día de Rubén se ha visto agradablemente asaltado por un cambio de rutina que afecta a las tardes. Por la mañana acude a sesiones de formación laboral en la asociación Down y por la tarde, afirma con emoción revestida de tranquilidad, «después de comer, ¡a trabajar!». Esa frase es mucho más que un nexo de sujeto, verbo y predicado. Es la primera gran victoria de su carrera profesional.

Un éxito que también calificarían así los miles de desempleados ourensanos que ansían un puesto de trabajo, pero que en el caso de Rubén tiene un valor añadido: el de tener como protagonista a una persona con síndrome de Down.

Hace pocos días se incorporó al plantel del gimnasio del campus. Sus tareas: revisar las reservas de las pistas y canchas, entregar material deportivo a los usuarios, controlar el correcto funcionamiento de las taquillas y recoger el correo en el edificio jurídico.

Su compañero de asociación, Rafa Cabezas, es un veterano de los contratos en prácticas que acaba de conseguir el primero remunerado. También en el campus pero, en su caso, en la biblioteca. El silencio, que él remarca gestualmente llevándose el dedo a la boca, es el santo y seña de su nuevo empleo. Allí está como pez en el agua porque, cuenta, su trabajo favorito sería en una biblioteca. «Leer no me gusta -aclara-, pero sí colocar libros». Si ese no llega, tiene otra opción: «También me gustaría ser político».

De momento ha dado, como Rubén, otro paso laboral: inscribirse en las oposiciones para ordenanzas de la administración estatal, que este año ofrecen dos plazas en Ourense para personas con discapacidad intelectual.

Ganar dinero, cuentan ambos, es la razón inmediata por la que quieren trabajar. Rafa lo destinará a comprarse un nuevo móvil -pero no uno de los carísimos, matiza- y Rubén, a independizarse: «No quiero gastarlo, lo guardaré; me gustaría vivir en mi casa, cerca del supermercado, para ir a comprar».

En el gimnasio y en la biblioteca, Rubén y Rafa cuentan con la sombra de Lorena y Érika, técnicas de la asociación Down y sus preparadoras personales. Ellas orientan sus primeros días y los apoyan a lo largo de todo el tiempo de contrato, aunque soltando paulatinamente amarras para que adquieran la autonomía necesaria.

Los trabajadores de los centros que reciben a los usuarios de Down Ourense son clave para su inserción, destacan las técnicas.

Julia Jiménez es la directora de la biblioteca del campus. Califica esta experiencia de integración laboral como «muy bonita». Al principio, añade, «te descoloca un poco; todos estamos un poco cortados pero, cuando se van, te da muchísima pena. Hemos tenido ya a otras personas y la integración es muy buena. Realmente, hacen un buen trabajo, son muy concienzudos y lo que se les manda lo hacen con mucho esmero». Los usuarios de la biblioteca, explica Rosa, trabajadora del campus, «acéptannos moi ben; este é un bo ambiente para eles».

El objetivo es que la experiencia de Rubén y Rafa se generalice y sean muchos más los contratos reales, no solo de prácticas, que se les ofrezcan. En Ourense una veintena de empresas colaboran en este plan de inserción.

Contrato. Rafa Cabezas trabajará durante seis meses en la biblioteca del campus y Rubén Yáñez, en el gimnasio

Empleo con apoyo. La asociación Down Ourense ofrece preparación previa a los usuarios y gestiona su inclusión, como trabajadores en prácticas o con contrato, en empresas ourensanas

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