De cemento


Dicen que el techo que marca la altura laboral que pueden alcanzar las mujeres es de cristal. Pero hay momentos en los que una piensa que es de cemento. «Antes el jefe era un señor y tú eres una chica», me dijeron a mí cuando me nombraron delegada de La Voz de Galicia en Ourense. Tal cual. Antes el jefe era un señor y yo soy una chica. No pude llevarle la contraria. Lo que le da dimensión a la frase es la cara de compungido de quien la pronunció. Probablemente no era consciente del ramalazo machista, que es lo peor de todo.

Yo, que cuando estoy muy cansada digo que la liberación de la mujer se la inventó un hombre -tranquilidad, feministas del mundo, es una broma; ríanse-, reconozco que el techo está ahí pero también creo que el primer salto para romperlo debemos darlo nosotras. Una vez que lo decidamos es probable que nos encontremos con dificultades que nos dejen por el camino. Pero no cabe duda de que debemos tomar impulso en primera persona de singular. Y tener la cabeza muy dura para soportar el golpe.

También hay que reconocer que hay gente, mujeres pero también hombres, que están muy bien acurrucados como para plantearse dar el salto. Y eso, además de seguramente muy inteligente, es compresible. En ese caso no hay techo porque optan por el cielo abierto. Esas decisiones no tienen que ver con aquellas mujeres que quieren y no les dejan (otro tema es el de quienes quieren pero no pueden; no debemos intercambiar paridad y capacidad). Y esa es la lucha, consciente o inconsciente, de las mujeres que ocupan puestos de responsabilidad y tienen el pelo lleno de restos de cemento.

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