De fiesta familiar, el Primero de Mayo

Noela, diputada, ha heredado de su padre, sindicalista, su conciencia política

«Na Alameda pegou ela as súas primeiras carreiras». Allí es donde posan Etelvino y Noela.
«Na Alameda pegou ela as súas primeiras carreiras». Allí es donde posan Etelvino y Noela.

ourense / la voz

La diputada de Podemos que llevó a su hijo al pleno del Congreso «non descubriu nada». Lo dice Noela Blanco, que al ver la escena de Carolina Bescansa recordó de nuevo las horas que pasaba cuando era niña acompañando a su padre, Etelvino, en la sede de la CIG mientras él trabajaba.

Era líder del sindicato en Ourense y ella siempre andaba cerca: «Vivín moitísimos dos conflitos laborais que houbo a través dos teus ollos», le dice a su padre durante la entrevista. Noela le llevaba ropa cuando estaba encerrado para evitar la marcha de Citroën y le acompañaba a todas las manifestaciones que podía. En una familia como la suya, la religión no es precisamente la católica: «Os Primeiros de Maio nunca os perdemos. Para nós é sagrado, é coma o domingo de Ramos». El símil no anda desencaminado teniendo en cuenta que al terminar Etelvino incluso pronuncia una homilía.

No es de extrañar que Noela Blanco, que ahora es diputada autonómica del PSOE, terminase interesándose por la actividad política. Cuando esperaba por su padre en el sindicato, «sempre estaba poñendo a orella», reconoce ella. Y él asiente. «Non é que quixeramos influir, pero o ambiente era propicio para coller conciencia política e sindical», dice Etelvino, que se deshace en elogios hacia su hija: «Vive os temas con moita profundidade. É incrible a capacidade de análise que ten». Su padre tiene mucho que ver. Y su madre también, resalta Noela: «Ela é moi discreta pero teño unha nai moi progresista».

En todo caso, la educación que recibió la ahora diputada no pretendía predeterminar su futuro y su ideología. De hecho, ella eligió al PSOE y el partido del puño y de la rosa poco tiene que ver con el nacionalismo militante que caracteriza Etelvino. Esas diferencias, dicen ambos, generan un sano debate en casa. «¿Vós agora que sodes, federalistas, non?», bromea él para chinchar un poquito a su hija durante la entrevista.

En fin, que Noela tuvo libertad para elegir. Y no solo con la política; cuando tuvo que elegir entre ética y religión, lo que hizo fue probar primero un mes en cada materia. No es difícil adivinar con cuál de las dos se quedó finalmente. Ella le pedía consejo, él se lo daba, pero ella decidía. Hablaban mucho cuando era pequeña y siguen haciéndolo ahora que es adulta y debe lidiar con problemas de mayores, como los que le genera su actividad política.

«Se a vexo preocupada gústame saber por que é», cuenta Etelvino, que explica que Noela le comenta siempre lo que le ocurre, salvo cuando se trata de asuntos orgánicos. De los muchos conflictos internos en los que se revuelca el PSOE, especialmente en Ourense, la diputada no habla con los medios de comunicación y, por lo visto, ni siquiera con su padre. Él lo entiende perfectamente: «O que máis frustra a todo militante son ese tipo de situacións. Eu vivinas e non me gustaría que ela acabe queimada por iso». Noela intenta evitarlo tomando distancia de las «cuchilladas» entre socialistas, como ella misma les llama: «Dedico moi poucos minutos á parte orgánica. O bonito da política é estar ao lado da xente, buscarlle solución aos problemas».

Como es lógico, Etelvino se siente realizado cuando escucha hablar a su hija de ese modo. «Máis alá das diferenzas ideolóxicas, estou moi orgulloso de que milite politicamente», dice el sindicalista, que inmediatamente recibe los halagos de vuelta. Del mismo modo que recuerda ver a policías pegando porrazos a su padre -con lo duro que ha de ser eso para un hijo- Noela también comprobó las muestras de cariño que recibió casi unánimemente de la sociedad ourensana cuando enfermó, incluidos muchos empresarios con los que había tenido graves conflictos. «Valórate moita xente que non pensa coma ti e iso a min paréceme enorme», dice Noela, que trata de seguir su ejemplo, aunque sabe que Etelvino se lo ha puesto difícil: «Ser a súa filla pon a expectativas da xente moi altas porque é unha persoa impecable». Y ella parece una hija impecable.

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