Constitución, educación y el perdón público de Baltar


Hoy se reúnen los popes provinciales en el Auditorio de Ourense para celebrar la Constitución Española y así acallar las conciencias por las muchas veces que la pisotean. A lomos de la actualidad, me quedo con el artículo de la Carta Magna que dice que «la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades». El artículo aflora en el acto en el que hoy se premiará a los alumnos ganadores, entre 1.040 aspirantes, del concurso que sobre la Constitución organiza la Subdelegación del Gobierno y afloró el pasado martes en un pleno protagonizado por alumnos de Verín en la Diputación. Al ver la foto en la que los escolares de la comarca de Monterrei flanqueaban a un risueño José Manuel Baltar (ya traslucía ser conocedor del auto sobre sus tropelías firmado por el fiscal el 25 de noviembre y oculto una semana), entendí una de las razones del fracaso escolar que atribula a este país. A los alumnos no se les educa en la verdad. En el acto de la Diputación nadie les dijo que el presidente que les habló de las bondades de la democracia fue el primero en ser reprobado por la institución que preside; que está denunciado por prometerle a una mujer, tras un intercambiado de sexo, un puesto de trabajo en una institución pública; que fue el primero en redactar un código ético en el que insta a los gobernantes a «asumir las consecuencias políticas de los errores cometidos» y el primero en incumplirlo; el que inventó que cargos del PSOE y del BNG le habían pedido perdón por las críticas que le habían hecho y, en fin, el que es incapaz de pronunciar esa palabra, perdón, ante los vecinos por la imagen que de Ourense da en España. Cuando Obama acaba de pedir perdón por el cambio climático, el Papa por los escándalos del Vaticano y cuando aún resuena la frase del rey Juan Carlos «lo siento mucho; me he equivocado», en Ourense, el presidente de la Diputación no hace autocrítica ante unos hechos que, más allá de su vertiente jurídica, alarman en su faceta política, ética y moral. Nada de esto se le dijo a los alumnos de Verín ni se les dirá hoy a los del concurso de la Constitución. Es lógico que cuando maduren sean unos descreídos de la política y descubran que las historias que les contaban sobre la democracia eran puras milongas. Para evitar esta deriva, a la enseñanza habría que dotarla de menos requisitos burocráticos y menos disputas partidarias y de más espíritu constitucional, ese que postula educar en el respeto a la convivencia y la libertad.

Honestidad. El fiscal jefe de Ourense ha exonerado, además de a José Manuel Baltar por unos asuntillos de cama cuando era vicepresidente del Parlamento (el fiscal ni cita esta circunstancia y se limita a hablar de la acción de un particular no sea que lo otro encaje en el artículo que habla de abusos «cuando el consentimiento se obtenga prevaliéndose el responsable de una situación de superioridad»), al exalcalde de la ciudad de Ourense, el socialista Agustín Fernández, tras haber pagado las aceras de su casa con cargo al bolsillo de sus vecinos. Ante ambas decisiones judiciales no se me ocurre más que reiterar la reflexión de Séneca: «Lo que las leyes no prohíben puede prohibirlo la honestidad».

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