«No me planteo romper mi cordón umbilical con Ourense»

En poco más de diez años ha ejercido como enfermera en ocho países


Ourense

A sus 34 años Marta Rivas es toda una trotamundos. Tras terminar su carrera y pasar un verano contratada en Povisa, decidió irse a Inglaterra, donde trabajó un año antes de poner rumbo a Australia. De allí partió a Etiopía, su primer destino como cooperante internacional. Con algunos paréntesis en España -en los que siguió trabajando con contratos temporales en Ourense- su labor como profesional, contratada o voluntaria, con distintas oenegés la han llevado a destinos tan dispares como los campamentos de refugiados en Tinduff en Argelia, Bolivia, Kosovo, y más recientemente a Sudán del Sur. En este último destino formó parte de un equipo médico hospitalario de Cruz Roja Internacional, entidad con la que ya se ha comprometido para el próximo año.

-¿Esta vida de nómada sanitaria es vocacional o es obligada por circunstancias?

-Esta es mi vocación. Yo creo que siempre quise ser enfermera, como mi madre. Solo hubo un tiempo en el que me atraía también ser azafata, creo que por que ya entonces me seducía la idea de viajar. Pero mi tía, que es ginecóloga y también está metida en el mundo de la cooperación, me lo quitó de la cabeza. Al final he logrado que mi vida sea una mezcla, un compendio de esos tres factores, y creo que es un regalo y una suerte poder hacer todo lo que me gusta a la vez. Yo ya me di cuenta de que hay mucho mundo por descubrir y mucha gente interesante para conocer cuando estuve de Erasmus en Suecia, en segundo de carrera.

-¿Nunca ha pensado en establecerse definitivamente aquí o en algún otro lugar?

-Creo que todavía estoy en edad de seguir, lo cual no implica que pueda llegar un momento en el que prefiera asentarme. Supongo que ese tiempo llegará algún día. Eso sí, yo siempre vuelvo a casa, a estar con mi familia una temporada cada año. Siempre quise que mi punto de referencia sea esto porque aquí están mi madre y mis hermanos. De momento no me planteo romper mi cordón umbilical con Ourense; pero lo cierto es que ahora mismo tampoco me apetece quedarme aquí quieta y para siempre con un trabajo estable.

-¿Cómo vivió su último destino, Sudán del Sur?

-Las condiciones de vida allí son duras por muchas razones, también por el calor y la dieta. Y las de trabajo, ya te puedes imaginar que lo mismo. Pero tienes tanto que compartir con los locales que te sientes muy realizada profesionalmente.

-¿Se siente miedo cuando toca ser extranjero en un país en conflicto?

-Hay momentos de tensión en los que quizá pasas un poquito de miedo, pero la verdad es que me sentí muy protegida con la Cruz Roja Internacional. Siempre sabes que existe un riesgo y a veces es cuestión de suerte que te toque algo como lo que ocurrió en Afganistán con Médicos sin Fronteras o lo que pasó con un ataque de otro hospital en el que trabajaban compañeros de Cruz Roja en el propio Sudán, pero allí coincidió que fue a las cuatro de la madrugada y no pilló a nadie.

-¿La falta de medios es motivo de frustración?

-Yo iba mentalizada desde el principio, porque como mi tía siempre estuvo vinculada a la cooperación, me contaba cómo eran las cosas. Esa escasez de medios nunca fue una sorpresa. Es duro, no solo porque tengas que trabajar sin cosas que aquí tienes, sino por que ves que no puedes hacer más. Se nos murieron por ejemplo niños por malaria, o por malnutrición. Eso te da lástima pero creo que la clave es tener claro que has hecho todo lo posible. Lo intentas todo tanto que al final, aunque te dé un poco de bajón, tienes la conciencia tranquila. Requiere un ejercicio mental y el apoyo de los más veteranos.

«En cooperación la clave es saber si estás a la altura para responder a la exigencia»

Marta sabe que adaptarse a nuevos países y costumbres no siempre es fácil. «Cuando me fui a Inglaterra a trabajar, sin apenas saber inglés, tenía solo 22 años, y fue un cambio brusco pero una experiencia buenísima», relata. En el trabajo en misiones de cooperación con oenegés, sin embargo, advierte que el compromiso conlleva una responsabilidad añadida. «Cuando te planteas una oferta de ese tipo tienes que ser consciente de si estarás a la altura, la clave es saber si serás capaz de responder a la exigencia no solo profesional, sino del entorno social en el que vas a estar; porque si te comprometes, por ejemplo en este caso con Cruz Roja, y no aguantas, los estás dejando colgados, con el personal de quirófano desequilibrado durante un tiempo», señala.

Lo que está claro es que el periplo de esta joven enfermera no ha terminado. En febrero dejará Ourense para embarcarse en una nueva misión y en un nuevo destino con Cruz Roja Internacional.

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