Bailes


La política es dura. Que se lo digan a Soraya, que todavía debe de tener agujetas de su paso por El Hormiguero. Y no lo digo por bailar, que tampoco fue tanto sofoco (solo hay que ver que Iceta aguantó 15 días antes de desinflarse), sino por el esfuerzo que, entiendo, le supuso tratar de ser cercana, simpática... normal, vaya. No son los políticos gente normal. ¡Qué va! Algunos tratan de serlo. Algunos incluso lo consiguen. Pero muchos no. Muchos piensan que se sacaron una oposición un día en su vida, en aquel gran momento en el que consiguieron un puesto para el Senado, el Congreso, el Parlamento (los puestos con salarios que al ourensano de a pie le cuesta entre cuatro y seis meses, cuando no más, lograr con su trabajo).

Piensan ese tipo de políticos que el puesto es para toda la vida y que «como lo hacen bien», pueden seguir. Y así se lo venden a sus propios compañeros, que son los que les mantienen en las listas (o no); para después vendérnoslo a los demás. Como lo hacen bien tan bien, Ourense sigue a la cola en todo, salvo en sangría demográfica y emigración de los jóvenes (que en muchos pueblos encontrarse por la calle a un menor de 30 años da ganas hasta de aplaudir). Pero lo hacen bien, se ve que debemos llegar a la conclusión porque no lo han hecho mal. Y es cierto. Muchos de los representantes ourensanos que ahora (o el próximo año) quieren volver no lo han hecho mal. Simplemente no han hecho nada. Pero ahí siguen. Intentando servirse mientras dicen que sirven. Pues igual hay que bailar, bailar sillas.

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