«Nadie da duros a peseta»

La Audiencia condena por blanqueo de dinero a un acusado por lucrarse de un fraude sin sospechar sobre su ilegalidad

la voz

Fue un imprudente Miguel N. B.. Tendría que haber desconfiado de una fórmula que le permitía ganar dinero con rapidez y sin esfuerzo. «Nadie da duros a peseta», indica la Audiencia de Ourense en una sentencia dictada esta semana, en la que condena el proceder de un acusado de 51 años, que recibió en una cuenta bancaria a su nombre importantes sumas de dinero que luego enviaba a Ucrania por un sistema opaco y nada convencional, previo cobro de una comisión y sin haberse preocupado de su origen.

La propia operativa bancaria, con el rastro evidente e inequívoco que deja una transferencia entre cuentas, permitió que se le detectara con rapidez. Juzgado por la Audiencia Provincial, al ser en Ourense donde se presentó la primera denuncia, los magistrados han dejado la condena en seis meses de prisión, al entender que el acusado es autor de un delito de blanqueo de capitales por imprudencia y no de estafa, ni receptación, ni hurto, como pretendían el Banco Pastor y el fiscal, que solicitaba tres años y medio de prisión.

La sala, en una sentencia de la que ha sido ponente el magistrado Manuel Cid Manzano, considera que la modalidad de los fraudes bancarios a través de Internet es algo notorio. Constituye un gesto de prudencia mínima por parte de cualquier persona, dice la sentencia, «la de analizar en una forma medianamente crítica una oferta de trabajo, ciertamente cómoda y suculenta, que se ofrece a través de un medio como es el correo electrónico, aunque sea bajo la perspectiva del viejo dicho de que «nadie da duros a peseta».

Para percibir el carácter irregular de la operativa, añade la sentencia, «no hace falta ser experto en informática ni en operativa bancaria, ni nacional español, ni residente en España durante un determinado tiempo». Si la supuesta actividad laboral se limita a «hacer de puente o intermediario entre quien remite el dinero y aquel a quien se envía», parece fácil deducir la anormalidad.

Buen sueldo por no hacer nada

Omitió el acusado, añade la sala, las más mínimas cautelas. A poco que se hubiera preocupado le hubiera sido fácil «conocer el ilícito origen de la suma recibida, ya que no resulta creíble en modo alguno, que a una persona sin estudios como el acusado admite, se le ofrezca vía Internet tan importante sueldo de 2.000 euros, más una comisión porcentual por cada operación realizada». Y menos aún «por un trabajo tan sencillo como realizar una transferencia bancaria».

Con todo, sin abandonar ese reproche, la Audiencia de Ourense descarta que el imputado conociera «el origen ilícito de los fondos recibidos y que hubiese contribuido de manera intencional y maliciosa a que terceras personas se aprovechasen del beneficio obtenido». Rechaza, igualmente, la concurrencia de «ardid engañoso alguno, con lo que decae todo atisbo de concurrencia de la estafa asimismo atribuida al imputado, ni presencia de los elementos constitutivos de hurto», que eran infracciones imputadas por el Banco Pastor, que ejercía la acusación particular como perjudicado.

Los envíos de dinero se dirigen a Ucrania

EL delito se comete desde el exterior. Llegar a los autores es difícil. Los delincuentes contactan con personas como este acusado, dispuestos a ejercer labores indeterminadas en una nueva empresa. Los contactos llegan por Internet. Los ciberdelincuentes, una vez que logran acceder a cuentas de terceros, en muchos casos tras obtener las claves por mensajes fraudulentos y buena fe de los perjudicados, transfirieron a la cuenta del acusado 5.783 euros desde una sucursal de Barclays y dos más - 5.708 y 1.503 euros- desde una oficina del Banco Pastor en Ourense. El ahora juzgado cumplió su parte. Era febrero del año 2010. Envió el dinero recibido. Pero acabó descubierto, condenado y sin beneficio.

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