Una alumna de pocas palabras

La internacional absoluta de fútbol sala, Vanessa Sotelo regresa a las aulas del colegio de Salesianos con su profesor de filosofía


ourense / la voz

Vanessa Sotelo (Ourense, 1995) sigue siendo esa alumna de pocas palabras que Mariano Castaño (Astudillo-Palencia, 1947) recuerda por su afán de superación. En la cancha deportiva y en el aula.

Y es que esta chica que está a punto de empezar el tercer curso de Ciencias da Educación para dedicarse a la enseñanza del deporte es de respuestas cortas y de sonrisa larga. Se sienta ante su antiguo profesor de Filosofía y Ética en el colegio en el que estudió desde Primaria a Bachillerato, el mismo del que aún recibe el aroma de recuerdos vinculados al calendario: «Lo que más me viene a la memoria son las fiestas de Salesianos. El 31 de enero te acuerdas de que deberías estar en fiestas. Entonces era importante, era cambiar la rutina, había campeonatos por cursos, festivales, piques...».

Camino del pabellón de deportes para hacerse la foto con su antiguo profesor, Vanessa no desentona demasiado entre los adolescentes de último curso. En el trayecto rememora un recorrido deportivo que comenzó en aquel recinto y continúa, en plenitud hoy, codéandose con las grandes del fútbol sala internacional.

La máxima goleadora del Campeonato del Mundo celebrado en Costa Rica en 2014, dio sus primeras patadas a un balón en Salesianos: «Empecé aquí, en las escuelas deportivas. Yo estaba en la de psicomotricidad y tenía 8 años cuando el Liceo La Paz y el Paco Paz organizaron aquí una fase de un torneo de fútbol sala. Salesianos participaba y se fijaron en los aficionados al fútbol».

Alguien le echó el ojo, tercia Castaño, «y aquella fue su primera competición; quedamos segundos». Luego vendría el fútbol grande, única chica entre chicos, cuando rondaba los 10 años.

Siempre apoyada

«En los entrenamientos en el patio deportivo veíamos a Vanessa meter goles; siempre se esperaba que ella diera el toque final, la puntilla. Llamaba la atención mucho: dominio del balón, picardía, en el sentido de visión del juego...», revive Castaño, responsable del deporte en el colegio.

Fue una etapa de crecimiento deportivo y personal y, sobre todo, de esfuerzo: «Los profesores sí me ayudaron y me comprendieron; si necesitaba más tiempo por el hecho de irme una semana fuera a jugar campeonatos o viajar cada quince días, me facilitaban la recuperación... Yo iba sacando todo, pero en Bachillerato me costó».

En la galería de los apoyos, Vanessa reserva un lugar de honor para Gonzalo Bernardo, el salesiano más veterano, apunta, y antiguo profesor de su propio padre, Paco Sotelo, su gran mentor deportivo.

«Gonzalo no me dio nunca ninguna asignatura, pero estaba siempre, siempre ahí, con las escuelas deportivas. Cada lunes se preocupaba por cómo había quedado, se preocupaba un montón. A mi padre le dio Latín y Griego».

Puestos a elegir asignaturas, Vanessa se queda con la educación física. Como alumna y como futura profesora. De momento, practica ya como entrenadora de niños de 3 y 4 años.

La Filosofía, cuenta, le llamó siempre la atención y la Economía, aunque le costó, también le gustaba. La Historia «es interesante pero -lamenta-, como es chapar, sobre todo, y tiene poca práctica, era de las que menos me atraía. Inglés también me atraía mucho».

vanessa sotelo quintela y mariano castaño castaño

«Daba gusto leer un examen de Vanessa»

En la Filosofía de los dos años de Bachillerato Vanessa se encontró con Mariano Castaño: «Era exigente porque la verdad es que, a veces, tenía que ponerse serio -admite-. Lo que más recuerdo de aquella asignatura son los comentarios de texto, que llevaban su tiempo; era una asignatura que me costaba porque había que llevarla al día, pero, al final, conseguí sacarla».

La Filosofía, matiza Castaño, «es una asignatura exigente, no por el profesor, sino porque es algo que los alumnos nunca tuvieron antes. Empiezan a los 16 años, así que se atraganta un poco al principio pero, al final, les abre otras visiones, otros enfoques a otras realidades y lleva al mundo de la autocrítica, que es lo importante».

«Vanessa nunca se explayaba enormemente en los comentarios de texto, quizá una dificultad para una asignatura que requiere explicarse, pero ella -recuerda- era de pocas palabras. Vanessa era lo preciso, lo mínimo. Letra impecable, limpieza correcta... ¡Daba gusto leer un examen de Vanessa!».

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