Una alumna de pocas palabras

mar gil OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Santi M. Amil

La internacional absoluta de fútbol sala, Vanessa Sotelo regresa a las aulas del colegio de Salesianos con su profesor de filosofía

08 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Vanessa Sotelo (Ourense, 1995) sigue siendo esa alumna de pocas palabras que Mariano Castaño (Astudillo-Palencia, 1947) recuerda por su afán de superación. En la cancha deportiva y en el aula.

Y es que esta chica que está a punto de empezar el tercer curso de Ciencias da Educación para dedicarse a la enseñanza del deporte es de respuestas cortas y de sonrisa larga. Se sienta ante su antiguo profesor de Filosofía y Ética en el colegio en el que estudió desde Primaria a Bachillerato, el mismo del que aún recibe el aroma de recuerdos vinculados al calendario: «Lo que más me viene a la memoria son las fiestas de Salesianos. El 31 de enero te acuerdas de que deberías estar en fiestas. Entonces era importante, era cambiar la rutina, había campeonatos por cursos, festivales, piques...».

Camino del pabellón de deportes para hacerse la foto con su antiguo profesor, Vanessa no desentona demasiado entre los adolescentes de último curso. En el trayecto rememora un recorrido deportivo que comenzó en aquel recinto y continúa, en plenitud hoy, codéandose con las grandes del fútbol sala internacional.

La máxima goleadora del Campeonato del Mundo celebrado en Costa Rica en 2014, dio sus primeras patadas a un balón en Salesianos: «Empecé aquí, en las escuelas deportivas. Yo estaba en la de psicomotricidad y tenía 8 años cuando el Liceo La Paz y el Paco Paz organizaron aquí una fase de un torneo de fútbol sala. Salesianos participaba y se fijaron en los aficionados al fútbol».

Alguien le echó el ojo, tercia Castaño, «y aquella fue su primera competición; quedamos segundos». Luego vendría el fútbol grande, única chica entre chicos, cuando rondaba los 10 años.

Siempre apoyada

«En los entrenamientos en el patio deportivo veíamos a Vanessa meter goles; siempre se esperaba que ella diera el toque final, la puntilla. Llamaba la atención mucho: dominio del balón, picardía, en el sentido de visión del juego...», revive Castaño, responsable del deporte en el colegio.

Fue una etapa de crecimiento deportivo y personal y, sobre todo, de esfuerzo: «Los profesores sí me ayudaron y me comprendieron; si necesitaba más tiempo por el hecho de irme una semana fuera a jugar campeonatos o viajar cada quince días, me facilitaban la recuperación... Yo iba sacando todo, pero en Bachillerato me costó».

En la galería de los apoyos, Vanessa reserva un lugar de honor para Gonzalo Bernardo, el salesiano más veterano, apunta, y antiguo profesor de su propio padre, Paco Sotelo, su gran mentor deportivo.