Una inyección de «espíritu Recaredo»

El centro integrado de formación profesional Portovello dedicó un aula al impulsor de Aixiña


Los alumnos de los ciclos de Atención a Personas en Situación de Dependencia y de Integración Social que cursan sus estudios en el centro integral de formación profesional Portovello recibieron ayer una inyección de «espíritu Recaredo». Fue una sacudida emocional -a más de uno se le saltaron las lágrimas- y posiblemente muchos vieron por primera vez la verdadera dimensión de las profesiones que han elegido para su futuro. Ocurrió durante la inauguración de un aula que, en el proceso de humanización de espacios que se ha desarrollado en ese centro educativo, llevará el nombre de la persona que fue alma máter de todo lo que supone para Ourense y las personas con discapacidad el proyecto Aixiña. En las voces de quienes le conocieron como usuarios o como trabajadores, los alumnos descubrieron la fortaleza y la valentía de un hombre que desde la silla de ruedas en la que se quedó con 15 años no solo no se resignó con su destino personal sino que se empeñó en ayudar a otros a no quedar relegados al ostracismo y luchar por su derecho a la educación, al trabajo, a casarse y tener hijos y, en definitiva, a la vida. Su viuda, y hoy presidenta de Aixiña, recordaba que su lucha se desarrolló en momentos en los que la integración era un concepto desconocido y utópico, en un mundo en el que una simple rampa en los colegios era una rareza. «Él nunca se rendeu, así que vós, que tedes a formación e toda a vida por diante para cambiar as cousas, nunca, nunca vos rindades», les dijo una emocionada Olga Cuña.

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