Ourense tuvo en el siglo XIX hospitalillos provisionales en San Francisco y A Rabaza

Un estudio sobre la lucha contra la viruela en las dos últimas centurias recibe el premio de investigación Cabaleiro Goás


ourense / la voz

La lucha contra la viruela a lo largo del siglo XIX y principios del XX hizo necesaria la construcción de hospitalillos provisionales en San Francisco y A Rabaza durante las épocas de mayor virulencia, según desvela un trabajo de investigación firmado por David Simón y María Luisa Rúa, que ha sido galardonado con el trigésimo premio Cabaleiro Goás.

El Colexio Oficial de Médicos de Ourense ha fallado también la edición número diecinueve de su Premio de publicaciones científicas; recayó en el trabajo «Niveles de proteína placentaria A asociada a la gestación: Predictor de macrosomía fetal en gestantes no diabéticas», que firma un equipo encabezado por Esther Álvarez Silvares.

Esta investigación demuestra que la proteína A asociada a la gestación (PAPP-A) es capaz de discriminar en el primer trimestre del embarazo el nivel de riesgo en gestantes no diabéticas de tener un bebé de mayor tamaño que la media.

En el mismo certamen se concedió un accésit, por la elevada calidad de los trabajos presentados, a un estudio sobre la detección de cáncer colorrectal a través del análisis de heces, firmado en primer lugar por Joaquín Cubiella.

El Cabaleiro Goás fue para «Picados de viruela», un estudio historiográfico que recoge las iniciativas que se llevaron a cabo en Ourense en la lucha contra la viruela, fundamentalmente a través de las campañas de vacunación desde 1805.

Los investigadores han encontrado documentación inédita de ese año; en ella se dispone la habilitación de una sala para conservar el fluido vacunal en la Inclusa del Hospital de San Roque, y se descubren los nombres de los médicos vacunadores, Andión y Sanjurjo. Otro dato relevante se refiere a las instalaciones sanitarias.

La primera sala de vacunación fue la del Hopsital de San Roque, que se funda en mayo de 1805. A finales de siglo empiezan a funcionar varios institutos de vacunación, como el del colegio médico o el Quesada-Rivera.

A mayores, la administración abrió pequeños hospitalillos para enfermos epidémicos, tanto de viruela como de cólera, que tenían carácter provisional; funcionaban en los períodos de mayor incidencia de la epidemia.

Estos centros estuvieron localizados en la Casa de Calabozo, en las inmediaciones del cementerio de San Francisco, y en el barrio de A Rabaza. Su presencia provocó protestas de los vecinos de las proximidades.

Este trabajo de investigación histórica sobrepasa el ámbito geográfico ourensano, aportando datos de toda Galicia. Ha bebido, sobre todo, de archivos municipales y de las hemerotecas puesto que, explica David Simón, «todas las iniciativas vacunales fueron muy apoyadas por la prensa de la época; en concreto, en Ourense fue muy apoyada por Álbum Literario y por el Eco de Galicia, aunque no solo por estos periódicos».

Galardones para otros dos trabajos sobre macrosomía fetal y cáncer de colon

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