Una lucha a tiempo completo

Alejado judicialmente de su hija «hasta que mejore su relación con ella»


lugo / la voz

José Luis Pallarés tiene dos trabajos. Uno reside en su actividad profesional y otro, al que dedica tantas horas o más que al primero, gira en torno a su conflicto familiar. A mediados del mes pasado, Pallarés se enfrentó a una situación indeseable: su hija, de 13 años recién cumplidos, se negó a ir con él para disfrutar de uno de los periodos de vacaciones pactados en el régimen de visitas. En el punto de encuentro de Ourense la menor hizo valer su criterio y consiguió regresar con su madre. Las profesionales que regentan el punto de encuentro elaboraron un informe relatando lo ocurrido y la opinión de la niña, que fue trasladado al juzgado de Monforte. Y allí, la jueza determinó que el régimen de visitas quedaba suspendido hasta nueva orden o, más bien, hasta que mejorara la relación entre el padre y la hija: «¿Pero cómo va a mejorar la relación si la jueza me suspende las visitas?» se pregunta Pallarés.

La resolución de la jueza es el último capítulo de una relación trufada de problemas desde que Pallarés y su ex mujer se divorciaron. Él cree que la madre, que detenta la custodia de la hija de ambos, ha ido incidiendo en la opinión de la menor hasta conseguir que se negara a visitar a su padre. Con toda seguridad, la opinión del otro cónyuge será absolutamente opuesta aunque Pallarés lamenta que la última resolución no haya merecido siquiera la comparecencia de ambas partes para ser escuchadas. Considera que el personal del punto de encuentro de Ourense no está cualificado profesionalmente para emitir el informe en el que se basó la jueza y reclama su derecho a que la suspensión del régimen de visitas sea revisado.

Mientras José Luis Pallarés saca papeles de su carpeta: actas, dictámenes, denuncias y todo tipo de documentos oficiales para apoyar su versión, sus padres asienten en silencio y con la mirada baja: «Para nosotros es nuestro ojo derecho y el izquierdo», dice el abuelo de su nieta: «Todo esto nos ha cogido por sorpresa, porque siempre se había encontrado bien con nosotros».

Abatimiento

El abatimiento de los abuelos simboliza el de una parte del conflicto matrimonial que pocas veces se tiene en cuenta: la familia extensa y la pérdida de contacto con los menores en litigio.

José Luis, que ya tuvo que superar en los primeros días de su divorcio una denuncia por maltrato psicológico, mantiene su batalla legal para recuperar, al menos, el régimen de visitas con la menor. El dictamen ha sido recurrido por la fiscalía, aunque de momento, José Luis sigue alejado de su hija y se arrepiente del banal origen del conflicto: la retirada temporal del móvil a su hija. Un castigo que en el seno de cualquier familia hubiera sido bien visto como recurso educativo, a él le ha costado poder seguir relacionándose con su única hija, alejada ahora también de sus tíos paternos y de sus abuelos.

«Ahora me dedico a esto a tiempo completo», explica José Luis Pallarés en medio de la montaña de documentos que tienen que ver con el conflicto familiar. Y, frente a toda la incertidumbre, lo único que tiene claro es que no va a renunciar a la relación con su hija: «Cueste lo que cueste».

«Para nosotros es nuestro ojo derecho y el izquierdo» dice el abuelo de su nieta

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