Buen estreno para el turismo de vendimia en la Ribeira Sacra

Los visitantes no solo miraron, también se sumaron al trabajo de recoger la uva


monforte / la voz

Tres grupos de turistas participaron este fin de semana por primera vez en la vendimia de la Ribeira Sacra. No se limitaron a recorrer las viñas y ver cómo trabajan los vendimiadores, sino que se sumaron al trabajo de recoger las uvas sobre el terreno y llevarlas después a las bodegas. Son los primeros que lo hacen, pero no serán los últimos. El consorcio de turismo de la Ribeira sacra tiene previsto repetir la experiencia el año que viene.

Esta introducción rápida a la vendimia para viajeros forma parte de los recorridos programados este año para el Viñobus, la iniciativa apadrinada primero por el consejo regulador de la denominación de Origen Ribeira Sacra y ahora por el consorcio de turismo, que ofrece a los visitantes recorridos a pie de viña y visitas a algunas bodegas. El Viñobus estuvo haciendo salidas todo el verano, unas desde Monforte y otras desde Ourense, pero las de este fin de semana fueron especiales.

Desde la mañana

Los turistas llegaron por la mañana a viñas y se sumaron al trabajo de la vendimia. Después colaboraron en el traslado de la uva a la bodega y en la primera fase de su procesamiento. El sábado disfrutaron de la experiencia dos grupos de visitantes, uno en una viña del bodeguero Roberto Regal en la parroquia chantadina de San Fiz, en la ribera del Miño; y el segundo en terrenos de la bodega Mondelo en Quiroga, en la cuenca del Sil. El tercer grupo trabajó ayer en una viña de Sabatelius, la bodega del chantadino Primitivo Lareu.

El sábado fueron veinte personas, diez en cada itinerario, las que participaron en esta novedosa iniciativa. En el recorrido de ayer hubo quince. Más de veinte se pusieron en contacto con el consorcio para participar, pero se quedaron sin plaza. Pueden parecer cifras modestas, pero hay que tener en cuenta que esta actividad empezó a divulgarse hace solo una semana. El consorcio no pudo empezar antes con los preparativos, porque las bodegas rara vez pueden decidir las fechas de sus vendimias con mucha más antelación.

Y esa es solo una de las dificultades de poner en marcha una iniciativa de estas características. «Hai que contar tamén con adegas que teñan espazo e capacidade para darlles de comer ás persoas que traballan nas súas vendimas e ás dez ou quince a maiores que lles cheguen no Viñobus», explica Alexandra Seara, la gerente del consorcio de turismo.

Agotadas en cuatro días

Los organizadores querían sacar conclusiones de esta primera experiencia. Antes de nada, les ha servido para comprobar que la demanda existe. «Catro días despois de abrir o prazo para apuntarse xa tivemos que abrir unha lista de agarda porque as prazas estaban esgotadas». Y por el lado de la oferta, también querían saber cómo funcionaría la colaboración de los bodegueros. La experiencia tiene que ser plenamente satisfactoria para los visitantes, así que era importante comprobar que viticultores y bodegas iban a acogerlos sin que eso les supusiese una molestia. «Non houbo ningún tipo de problema, foi todo perfecto», afirma Seara.

La experiencia se repetirá el año que viene. En vista de la demanda, en el consorcio tratarán de conseguir que otras bodegas se sumen a la iniciativa. Este año no pudieron ofrecer más que 45 plazas, porque solo había viñas y bodegas para este número de visitantes.

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