La llamada perdida del Alvia

El libro de La Voz sobre el accidente revela que el interventor intentó comunicarse antes con el maquinista que iba como viajero. Pero no tenía cobertura y llamó a Garzón


Redacción / La Voz

El libro de La Voz sobre el accidente del Alvia en Santiago, del que ahora se cumple un año, revela aspectos inéditos sobre la llamada del interventor al maquinista, lo que según todas las investigaciones provoca la desorientación de Francisco José Garzón Amo y el posterior descarrilamiento del tren con la muerte de 80 personas. Diez minutos antes del accidente, el vigilante jurado del tren, Celso Cástor González Conde se toma un café en el vagón-bar. Después se va al vagón número 3, de preferente, donde se encuentra al interventor, Antonio Martín Marugán, charlando con el maquinista Javier Illanes, que había llevado el tren hasta Ourense y que da el relevo a Garzón para después continuar el trayecto por la línea de alta velocidad Santiago-Ourense como un viajero más.

El guardia se sitúa cerca de ellos. Después el maquinista sustituido por Garzón se levanta porque tiene que ir al servicio. Poco después de irse, al interventor le viene a la cabeza la pregunta sobre si el tren cabe en la vía de Pontedeume más próxima a la estación, para facilitarle el acceso a unos viajeros. Del testimonio del guardia de seguridad, al que no se prestó atención en un principio y que ahora se incorpora al libro El peor día de Galicia. Tragedia en Angrois, se desprende que Marugán llama antes al maquinista relevado. Pero, quizás por falta de cobertura, no logra comunicar con él. El propio Celso Cástor González apunta a esa posibilidad en la declaración donde revela el asunto de la llamada perdida, una comunicación clave que, de hacerse efectiva, habría evitado el accidente. «No sé si era que pasábamos por un túnel o algo y le daba fuera de cobertura. Entonces es cuando llama al maquinista titular», dijo el vigilante hace cerca de un año en los juzgados de Santiago.

Al no poder comunicar con el maquinista que dejó la cabina en Ourense, el interventor decide llamar a Garzón, el que estaba conduciendo el tren, que en ese momento estaba a siete kilómetros del punto donde finalmente descarrilaría el Alvia S-730. El encargado de la seguridad en los vagones fue testigo de este primer intento y de la segunda llamada del interventor, que dura 100 segundos y se interrumpe de forma violenta cuando el maquinista que llevaba el convoy se da cuenta, demasiado tarde, de que debe frenar para encarar la curva de Angrois.

En su declaración judicial, Javier Illanes, el otro maquinista del Alvia, confirma que conocía a la perfección cómo era la estación de Pontedeume. Podía solventar por tanto las dudas del interventor, que no necesitaría llamar al hombre que estaba en ese momento conduciendo el tren en dirección a Santiago.

Al vagón de cabeza

En este testimonio también se desvela por qué se levanta del asiento que compartía con Antonio Martín Marugán. Confirma que necesita ir al servicio. Pero el del vagón de preferente está ocupado. Entonces decide desplazarse al vagón técnico de cabeza y de paso comprobar si el aire acondicionado funcionaba correctamente.

El accidente sorprenderá al maquinista relevado precisamente en el vagón técnico contiguo a la cabeza tractora en la que Garzón está intentando frenar con todos los dispositivos técnicos posibles un tren que va a 190 por hora. Pero solo puede reducirla a 179, insuficiente para poder evitar que el Alvia, con 384 toneladas de peso, descarrile en el punto kilométrico 84,413, provocando la muerte de 80 personas y 147 heridos. Más tarde moriría una persona más que sufrió heridas a consecuencia del accidente.

Sentados charlando

Illanes no era consciente de que el interventor estaba intentando comunicar con él. Pero sorprende que lo llamara por teléfono cuando, apenas unos segundos antes, tenía al maquinista a su lado, sentado con él, charlando tranquilamente en el vagón de preferente. Le podía haber consultado sus dudas en aquel momento, pero no lo hizo. Después, desgraciadamente, no logra contactar con él y llama al maquinista titular, una conversación que casi todas las investigaciones del accidente consideran como «causa coadyuvante» del descarrilamiento. Una concatenación de infortunios que, unidos a la falta de la máxima seguridad en la curva de Angrois, provocó uno de los peores accidentes ferroviarios de la historia europea.

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