El alcalde eventual


Solo un alcalde eventual, o sea, un alcalde que sabe que va a dejar de serlo en cualquier momento, más pronto que tarde, puede reaccionar como reaccionó ayer el de Ourense ante su enésimo revés judicial. Escondiéndose. Solo esa eventualidad puede hacer que, tras la anulación de 41 puestos de trabajo de eventuales en el Concello pueda declarar que nadie va a salir perjudicado. Entre esos 41 trabajadores figura su hija, enchufada al día siguiente de su toma de posesión, lo cual es evidente que no fue una buena operación de márketing político, pues para ser alcalde además de ser honrado hay que parecerlo. Cuando un gobierno y su primer edil, dos veces imputado, se pasa más tiempo en los juzgados que en la calle por culpa de los jueces (sic), está claro que alguien sí está siendo perjudicado: los vecinos de Ourense, pendientes ya solo de la próxima imputación, del próximo presunto chanchullo, del siguiente «defecto de forma». Pendientes de que el alcalde, al que Besteiro confirmó ayer en su puesto (y ya sabemos qué quiere decir esto en política) vuelva a decir que aquí nadie va a salir perjudicado. Faltaría más.

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