«Me dan ganas de escribir mis antimemorias, como Echenique»

El presidente del Consello Económico y Social de Galicia no es persona de mirar atrás ni tampoco de esas que aseguran que si volvieran a nacer harían lo mismo que hasta ahora

S. Antón

Puso la corbata con doce años y aún no se la ha quitado. Claro que Pablo Egerique no se considera un precursor, eran otros tiempos, cuando los niños vestían pantalones bombachos con calcetines y, como él, nacían en casa. Fue en la localidad leonesa de Valencia de Don Juan, donde su padre ejercía como Notario, una profesión que llevó a la familia a recorrer media España.

«Desde que nací hasta los 22 años viví en seis lugares. Después de Valencia de Don Juan vinieron O Carballiño, Yecla (Murcia), Viveiro, Vilagarcía y Pontevedra». Conoce Galicia como la palma de la mano, tanto el litoral como el interior, y reconoce que el mal gallego que habla lo aprendió de pequeño, buena parte en Pontedeume, de donde era su madre y donde vivía su abuela.

Lleva casi 45 años en Vigo y veranea en Panxón, donde a veces llega a pasar hasta cinco meses. De hecho, su rincón preferido es la bahía entre Monteferro y Baiona. No ha conseguido encontrar un espacio que le guste más, pese a sus numerosos viajes. Pero, al margen del anterior el otro rincón en el que se siente cómodo es su propia casa. «Soy muy casero; voy todos los días a Santiago, procuro no regresar muy tarde y me quedo casi siempre en casa».

De su larga etapa política iniciada en 1985 destacaría muchas cosas, tanto del cargo de diputado en el Parlamento gallego (1985-1996) como de delegado de la Zona Franca de Vigo (1996-2004) o del actual, al frente del Consejo Económio y Social de Galicia. Y eso que, cuando se tiene un cargo, siempre hay momentos complicados, luces y sombras. Tal vez por lo que implica de beneficio más directo hacia los ciudadanos se siente orgulloso de la ampliación del túnel de Beiramar, del apoyo a las empresas en forma de suelo industrial o del Museo del Mar. Pablo Egerique no es de esos que dicen: «si volviera a nacer haría lo mismo». Cree que a lo largo de la vida es difícil no equivocarse alguna vez. «Yo sé que a alguna cosa le daría un retoquillo para mejor, o no. Siempre hay algo mejorable, repetir todo sería aburrido. Lo que no cambiaría es la familia, eso repetiría a ciegas, ahí no tengo dudas».

Cree que siempre ha hecho lo que ha querido, dentro de las limitaciones posibles. En ese sentido está muy satisfecho, como lo está del apoyo que ha recibido siempre de su familia.

Mira poco al pasado

El presidente del Consejo Económio y Social de Galicia no es amigo de reparar en el pasado: «Miro poco para atrás, incluso para los adversarios». A veces se sorprende cuando le recuerdan anécdotas de otra época en las que nunca pensó. «Me dan ganas de escribir mis antimemorias, como Echenique, de forma desordenada, según me vienen a la cabeza cada día».

Con las mudanzas hace una excepción, porque marcaron su vida y porque se convirtieron en una de las anécdotas familiares. «Nos trasladamos de O Carballiño a Yecla; en Carballiño no había ferrocarril y en Yecla era de vía estrecha, metimos los muebles en un camión hasta Ourense y allí los cargaron en el tren; tardaron un mes en llegar y tuvimos que vivir durante ese tiempo en un hotel».

No menos pintoresco fue el traslado de Viveiro a Vilagarcía. El camión de mudanzas era tan alto que se llevó varias bombillas del alumbrado público por delante sin enterarse el conductor. La sorpresa de su padre fue mayúscula cuando el ayuntamiento le notificó el inciente.

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