Enrique Bande muestra las viejas costumbres y prohibiciones en las parroquias de la Raia ourensana


Allá por los siglos XVII y XVIII, en algunas parroquias ourensanas se dieron casos de feligreses que en misa replicaban al sacerdote o lo contradecían. Que esto fue así lo demuestran los datos que obran en los archivos eclesiásticos diocesanos. Un tema que ha suscitado el interés del investigador ourensano Enrique Bande y que ha tomado forma en el libro Mandatos pastorais nas parroquias raianas , que edita Duen de Bux, Bande analiza estos documentos en las feligresías lindantes con el país vecino, desde Padrenda hasta A Mezquita y el resultado es un conocimiento de costumbres del pueblo y de los clérigos que había que corregir.

En 1650 se ordenaba que ningún hombre quedase a oír misa en la puerta de la iglesia, a no ser que se tratase de un judío o de un excomulgado. Se exigía, ante el desorden apreciado por el visitador del obispado, que a la iglesia había que entrar sin llevar el pelo atado, prescindiendo de zapatos achinelados, dice Bande ni vistiendo capa. Los varones no podían entrar en el templo con la cabeza cubierta.

El visitador se escandalizaba con los días de fiesta o romería, y aconsejaba que en vez de bailar o practicar otras «diversiones peligrosas», los habitantes de las parroquias se empleasen más en el rezo y alabanza a Dios. Se prohibía perturbar los oficios litúrgicos impidiendo que los vecinos hiciesen juntas o tocasen las campanas en esos momentos.

Reducir las comilonas

Dice Enrique Bande que en 1851, en la parroquia de Manín, era costumbre organizar comilonas en la casa del difunto. Aquello suponía un dispendio considerable, a veces para ello había que empeñar una herencia. Pues le visitador episcopal prohibió tales ágapes reduciéndolos solamente a los sacerdotes y personas que son imprescindibles para celebrar el entierro.

El visitador exigía también a los abades que impidiesen el toque se la gaita gallega u otro instrumento típico en la noche del Jueves Santo, en aquellos lugares donde ese día había romería, como en Tronceda, en Castro Caldelas o en Os Remedios de Ourense. Para mejor pasar la noche se exigía que todo el pueblo rezase el rosario.

A los curas se les pedía que no permitiesen vivir en sus feligresías a mujeres de moral dudosa y a las que vendían vino en tabernas públicas, que no saliesen de noche. A los sacerdotes se les prohibía lucir colores ajenos al negro o usar zapatos con hebillas de oro y que dejasen de llevar coleta, bigote, sombrero o anillo. Y que no recibieran comida de los vecinos.

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