«Por suerte, ahora las familias ya no tienen a los discapacitados escondidos en sus casas»

La presidenta de Aspanas está comprometida con los más necesitados, como antes lo estuvo con el movimiento vecinal


El profesor Souto Vila, cuando le daba clase, sugería que se apuntasen en las libretas frases como «nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». Y Maruxa Román no para de hacer cosas hoy y mañana. Otro maestro, Alfonso Vázquez, catedrático de geografía, se metía con ella por ser de Celanova: «¿Tú bebes de la fuente del norte de la plaza de Celanova? Porque si la bebes te vas a poner un poco loca». Pero Maruxa, que se lo tomó a chufla, aún siendo niña, siguió bebiendo de la emblemática fuente de la villa de Curros Enríquez y Celso Emilio Ferreiro y amando a Celanova, su tierra natal.

Allí pasó su infancia, feliz sin duda, como la de la mayoría. A los diez años, a seguir los estudios en Ourense después de examinarse de ingreso. El bachiller en el Instituto Otero Pedrayo y Carmelitas completaron sus estudios. Maruxa Román se define como una persona «muy activa, muy inquieta». Es desde hace ya varios años la presidenta de Aspanas, una asociación que une a familias con hijos discapacitados.

Cuando su hija tenía cuatro años, un accidente le dejó con una discapacidad intelectual. Ella, aún hoy, hace un gesto con la mano para amablemente sugerir que no se aborde el duro trance. Una lágrima la delata. «Perdón», pide ella, como si hubiese cometido alguna falta. «Yo no podía tener una niña de 18 años en casa sin darle otra alternativa» y se mete a fondo en la asociación a la que le da un giro espectacular.

Hoy es una referencia de integración sociolaboral en toda España con más de un centenar de puestos de trabajo desempeñados por personas con alguna minusvalía después de empezar en el 2003 «con una pequeña furgoneta». Ella quiso dar algo más: «No podían estar estas personas siempre sentadas, sin hacer nada o leyendo cuentos, como si no tuviesen más alternativas».

Escondidos

Y las encontró porque las hay. El cantautor Víctor Manuel, en la canción Sólo pienso pienso en ti , que narra el amor entre dos personas discapacitadas, dice en una estrofa: «El nació de pie / le fueron a parir entre algodón / su padre pensó que aquello era un castigo del señor / le buscó un lugar para olvidarlo / y siendo niño le internó / pronto cumplirá los treinta y tres». Maruxa Román aclara que «por suerte, ahora las familias ya no tienen a los discapacitados escondidos en sus casas», lo que hace pensar que algún día sí lo estuvieron. Pero la asociación «no está solo para buscar un trabajo, sino para ayudarles en otros muchos frentes y a sus familias, que se encuentren a gusto, que tengan apoyo psicológico y una orientación laboral».

Esta misma semana concluyó en el Centro de Hostelería de Ourense un curso para muchachos de Aspanas que se formaron en las distintas disciplinas del sector. La comida de clausura, servida por ellos mismos, fue un ejercicio de capacidad, dedicación y superación. «¿Le sirvo más? ¿Quiere cambiar de vino?», decían al comensal en un alarde de amabilidad que muchas veces no percibes en un camarero convencional .

Maruxa aclara que «son personas con mucha más dedicación, no dejan nada a medias, siguen siempre adelante hasta que está todo perfecto, hacen todo lo que le pides y cuando aprenden puedes estar seguro de que son perfectos». Incluso, ya lanzada, exclama: «Hay muchos que hasta pueden ser unos estupendos relaciones públicas».

Pero el camino es largo y las piedras tienen aristas. La presidenta de Aspanas clama a las administraciones «que se impliquen más, pero no sólo ellas, sino también la empresa privada, porque a veces parece que la integración de los discapacitados no va con ellos. ¡Vaya que si va!»

Vecinos

Pero Maruxa Román ha proyectado su vida en muchos frentes. Capitaneó durante algunos años el convulso movimiento vecinal desde la federación Limiar y presidió catorce años la asociación del barrio de San Francisco. «Contentar a todos los vecinos es difícil», reconoce, «pero compartes la vida con todos, te implicas, pasas momentos duros, pero compensa».

Desde el punto de vista político hila muy fino aunque los dirigentes vecinales viven casi siempre el filo de la navaja partidista y las siglas de los partidos intentan caer sobre los presidentes como sanguijuelas. «Tampoco está tan politizado el movimiento vecinal», matiza ella sin que se sepa si es una respuesta que le sale del corazón o es una salida airosa. Reclama libertad para quienes dedican su tiempo a los demás y recuerda que «han pasado muchos presidentes por movimientos vecinales y yo no los he visto en política o por lo menos, no han triunfado en ese terreno».

Reconoce haber recibido presiones pero se ha ceñido «a hacer mi trabajo, sin más». Ha tenido ganas de dejarlo, de hecho no preside ya ninguna asociación vecinal, pero cuando se ha marchado lo ha hecho «por coherencia y a través de un proceso electoral porque no me parece ético que tires la toalla antes, no puedes traicionar así a los que te eligieron y confiaron en ti». Y es que la coherencia es uno de los valores que más estima aunque en tiempos como los que corren cotice a la baja. Ella mantiene el valor al alza.

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