«La situación de la violencia de género es dramática y dolorosa»

El psicólogo Víctor Fraga, que fue subdirector de la prisión de Pereiro, anima a «luchar contra la ideología patriarcal»


LUGO / la voz

Víctor Fraga es psicólogo de Instituciones Penitenciaras. Ha desempeñado cargos de subdirector de Tratamiento en tres centros penitenciarios (entre ellos el de Pereiro de Aguiar), de director en Monterroso (Lugo) y ha recibido varios reconocimientos por su trabajo orientado a la reeducación y la reinserción. Además, ha ocupado otros cargos como subdirector general adjunto de Recursos Humanos de Instituciones Penitenciaras, y el de gerente del Organismo Autónomo de Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo. En la actualidad es responsable de impartir programas de tratamiento contra la violencia de género. La pasada semana participó en una manifestación contra la puesta en libertad de La Manada y, en ese contexto, realiza su aportación sobre el problema de la violencia de género.

-¿No es contradictorio representar en tantos cargos a la Administración del Estado y manifestarse contra una sentencia?

-En absoluto. Primero no soy un alto cargo; soy un funcionario del Estado que en todos los puestos desempeñados trabajo con un fin bien claro que marca el artículo 25.2 de la Constitución: la reeducación y la reinserción social. Por mis manos han pasado cientos de sentencias asentadas siempre sobre hechos probados, razonadas hasta la excelencia jurídica y resueltas con un sentido superior de justicia. Va por delante mi respeto al sistema judicial y al trabajo de miles de jueces y juezas que resuelven día tras día asuntos conflictivos, complejos y delicados. Algunas leyes, usos y modos son censurables y mejorables. Cuando hay asuntos tan trascendentes que ponen en juego la dignidad personal, la integridad física y sexual, la libertad o la vida tiene sentido una manifestación como esta. Por cierto, fui acompañando a mi hija, con quien comparto ideología feminista y activismo. En este movimiento yo soy un aliado. Fui como un ciudadano crítico, libre y feminista por convicción que trabaja contra la violencia de género, por la igualdad efectiva y los derechos humanos para todos y para todas.

-¿Qué aporta manifestarse contra sentencias judiciales?

-Manifestarse es mucho más ir en contra de algo. Es compartir ideales de justicia, igualdad y equidad. Es mostrar empatía con las víctimas de la violencia de género; la violencia visible que mata de golpe y la invisible que asfixia cultural y estructuralmente la dignidad de los seres humanos. Manifestarse es denunciar esa ideología patriarcal, sutil y hegemónica que provoca la desigualdad de género y que, como injusticia extrema, consiente y normaliza el maltrato, la violación y el asesinato de las mujeres.

-Vivimos en una situación grave.

-Más de cien mil denuncias por violencia de género al año; más de tres mujeres violadas al día; más de una mujer asesinada por semana… algo parece que está funcionando mal, o muy mal. Los datos son incontestables. La situación es dramática, trágica y dolorosa para cada mujer víctima maltratada, violada o asesinada. Dramática, trágica y dolorosa, también, para los hijos de las víctimas, sus padres, sus familiares, sus amigos y la sociedad… ¿Seguimos mirando para otro lado?

-¿Tiene solución esta lacra?

-Afrontar esta realidad es complejo. Creo que ética, personal y socialmente es necesario afrontarla de forma reflexiva y comprometida cada día. Es imprescindible y urgente.

-Pero, ¿cómo se afronta este problema desde su experiencia?

-En España trabajamos con la ley Orgánica 1/2004 de medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Su objetivo es actuar contra la violencia, sin embargo al día de hoy nos queda mucho, mucho por hacer. En mi caso, en los últimos años, me dedico a impartir, con compañeras de trabajo programas de intervención para agresores de género en medio abierto para hombres penados por conductas de violencia de género. Los programas de intervención con agresores en el medio abierto son intensos, basados en el trabajo y la reflexión personal. Los objetivos que plantean son salvaguardar los derechos de las víctimas; actuar contra la violencia de género y promover la igualdad y el respeto a la dignidad. Se trata de que los penados tomen conciencia sobre esta realidad, la conducta y sus consecuencias; que aprendan a modificar los factores de riesgo, eliminar cualquier forma de conducta violenta y promover alternativas basadas en el respeto, la empatía, la igualdad y la responsabilidad personal.

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