María José Cerviño: «Hay clientes que dicen que tienen metido el sabor de nuestras cañas desde que eran niños»
O CARBALLIÑO
Guarda la memoria de la mítica confitería de O Carballiño que fundaron sus padres y sus tíos
25 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.María José Cerviño conserva la memoria de un negocio familiar que se ha convertido en un referente de sabor en O Carballiño y más allá. La confitería que lleva su apellido es famosa por sus cañas fritas, pero también por sus bombas y otros dulces que elaboran artesanalmente con esmero y que muchos ourensanos guardan en sus recuerdos. Así se lo dicen los clientes, como muchos emigrantes que vuelven cada verano fielmente a la confitería: «Dicen que los sabores de nuestras cañas y bombas los tienen metidos desde que eran niños».
Fue maestra en el colegio Isabel la Católica, en el que entró como sustituta y se quedó 22 años. «Fue vocacional al empezar a trabajar. Nunca oposité, tenía a mis padres cerca y así estuve hasta que cerró al colegio», desgrana. A la vez, ayudaba a despachar los domingos en el negocio familiar.
Más adelante se trasladó a Ourense y también vivió en Santiago casi cinco años, acompañando a su marido por trabajo. Tuvo cuatro hijos, nacidos entre 1968 y 1981. «Hubo gente de la familia que me ayudó a cuidarlos cuando trabajaba», admite. Tener niños pequeños, además de su carácter extrovertido, le ayudó a hacer amistades. En Compostela la llamaron para cubrir una baja en el negociado de becas de la universidad. «Aunque al principio no quería, trabajé muy a gusto allí durante unos meses», detalla. Se encontraba todavía viviendo en la capital gallega cuando se produjo el relevo en la gerencia de la confitería.
Sus padres y sus tíos, los fundadores, se retiraron en 1989 y tomaron las riendas la propia María José, su hermana Rogelia y dos primos. Se turnaban por semanas para atenderla, puesto que varios vivían fuera. Hoy es su sobrina, Ana Cerviño, de la quinta generación, la que lleva la gestión de un negocio que da trabajo a doce empleados y ha evolucionado manteniendo la tradición. María José vivió esos cambios: «Recuerdo que, de niña, nos traían huevos de gallinero. Eso es historia. Ahora se exige frío y hay que registrar cada lote y sus facturas. Hace falta una persona para la oficina. Todo está muy, muy controlado y me parece bien», afirma.
La relación familiar con los dulces comenzó con los abuelos de María José, que montaron una fábrica de chocolate y hacían rosquillas. En aquellos tiempos la familia no tenía horno propio y usaban el que les dejaba don Juan para hacer los encargos de las fiestas, recuerda.
Fue en el curso 1960-61 cuando la Confitería Cerviño abrió sus puertas, en su ubicación de la calle Tomás Mosquera. En la vivienda que está encima había nacido María José en 1945 y allí sigue residiendo. Su madre, Ermitas, huérfana desde los 14 años, trabajó en el Hotel Rogelia, donde tenían las cañas fritas. «Es un postre de sartén, de casa, y cuando se abrió la confitería mi madre las incorporó. Llevaban el canutillo, sin rellenar, a restaurantes. «Los primeros fueron Casa Solla, de Pontevedra, y San Miguel de Ourense», indica. Acudían ferias a Santiago, a Gerona y a Madrid. Así hicieron muchos clientes. Ahora, se trabaja también con la venta en línea y las redes sociales. La administración es más complicada, pero la elaboración de los productos sigue siendo artesana, aclara María José. «Yo ya no estoy pendiente, solo si me llaman para alguna consulta. Ya no tomo decisiones, aunque soy un poco la cabeza visible», reconoce.
El trabajo en el obrador comienza a las seis de la mañana. «Nuestra crema da mucho trabajo, para el día a día tiene que estar una persona desclarando los huevos y dando vueltas al batidor. El canutillo se hace con una masa de harina, manteca, agua y sal. Es un laborioso y muy artesano», describe. El cilindro es difícil de conseguir, pero importante para que floten las cañas sin empaparse de grasa al freírlas.
«Nunca fui de dulces, solo los que hago yo en casa»
María José tardó en jubilarse, hasta que el traspaso del negocio estuvo encarrilado. Ahora sigue activa, disfrutando de la familia, hijos y nietos, y de las amigas. «La casa siempre la tengo llena», ríe. Camino de los 81 años, madruga y cocina. Esta semana ha venido a visitarla su hijo desde Valencia y le ha preparado bien pronto un plato especial: perdices. «Disfruto porque ellos disfrutan. Ahora la gente joven no cocina, por falta de tiempo o porque no tienen ganas. Lleva tiempo», razona. Incluso hace postres caseros, cuando podría bajar a la confitería. «Nunca fui de dulce. Solo me gusta lo que hago yo: un arroz, un flan... Mi hermana sí, salía un bollo de leche relleno de nata y hasta cerraba los ojos para comerlo», confiesa.
Su rutina pasa por tomar algo con el marido o los hijos que la visitan y, por las tardes, echar «una partidita de cartas con amigas coetáneas, para ejercitar la memoria». Se siente reconocida por el pueblo de O Carballiño. El IES número 2 grabó un bonito trabajo sobre la confitería que resultó premiado, Xulio Álvarez Crespo escribió toda su historia, y a María José la incluyeron en el proyecto Sabedoras. «Ahora estoy en la línea de salida, pero tengo el cupo completo, estoy satisfecha», resume sobre su vida.
Quién es. Qué es. Su rincón.
Quién es. María José Cerviño Valeiras. Nació en 1945 en O Carballiño.
Qué es. Fue maestra y repostera. Regentó la Confitería Cerviño. Desde el 2013 está jubilada.
Su rincón. Ante la fachada de la pastelería y de su casa natal, donde aún reside, en la calle Tomás Mosquera de O Carballiño.