Los brotes de O Carballiño afectan de modo especial a la hostelería

En O Barco llevan los locales ya una semana sin servicio en la barra

Terrazas en O Carballiño, ahora cerradas
Terrazas en O Carballiño, ahora cerradas

ourense / la voz

Las villas ourensanas están viendo como la problemática que se centra en la ciudad se va extendiendo por la provincia. Uno de los casos más destacados es el de O Carballiño, donde se pasó de una situación de brotes casi simbólica -asociada a algún encuentro familiar o de jóvenes- a un panorama que afecta de manera destacada a la hostelería. Seis locales del centro de la villa ubicados en el entorno del Concello -rúa Aldara- y las calles Perfectino Viéitez y los diferentes tramos de la Principal están cerrados al público. Positivos entre los trabajadores o clientes son el origen, además de algún caso el que se ha optado por el cierre por la proximidad. En O Carballiño hay en la actualidad 45 casos y entre los mismos están varios alumnos de los institutos.

En Ribadavia, Xinzo de Limia y Verín la situación en el sector hostelero no sigue los mismos parámetros. Mientras en la capital de A Limia y Ribadavia no hay locales cerrados -en la capital de O Ribeiro sí lo estuvo un local de Francelos en los días pasados- en Verín cuentan con un solo caso actualmente.

En O Barco de Valdeorras los bares afrontan su primera semana sin poder servir en la barra y con la terraza con aforo reducido. Desde el sector explican que han perdido parte de aquellos cafés rápidos en la barra, pero que también hay quien se adapta y se lo lleva para tomar en la calle. Algunos hosteleros plantearon la posibilidad de instalar cierres perimetrales de las terrazas (propuesta que llevaron al pleno a través del PP), pero que de nuevo recibió el rechazo del gobierno local, que siempre ha descartado permitir ese tipo de instalaciones en al calle. Son los cierres que sí están permitidos en A Rúa de Valdeorras, lo que ha llevado a que el sector no haya registrado ningún cierre hasta el momento.

En Allariz, la hostelería ha notado un bajón con el fin del verano, sobre todo entre semana, indica Olga Ferreiro (Fío de Liño). «No verán aspirábamos a salvar o ano. Os locais do casco histórico somos os máis prexudicados pois adoitan ser sitios pequenos. Nós non temos terraza, o éxito era ter xente apiñada. Reducimos plantilla e damos comida para levar», explica.

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