La versión más dulce de la catedral

El pastelero Manuel de la Iglesia elabora esculturas a gran tamaño en chocolate o azúcar


ourense / la voz

Con catorce años y la primaria rematada, una amiga de su hermana le comentó que en la pastelería en la que trabajaba buscaban un aprendiz. Y allí se fue Manuel de la Iglesia (Santiago de Compostela, 1956) a ver si le cogían. Hubo suerte. Descubría así un oficio del que no había tradición alguna en su familia, pero que le reportaba unas ganancias de 400 pesetas a la semana, que no estaba nada mal para un adolescente en aquella época. Remató el verano y Manuel no quiso dejarlo. Así que habló del tema en su casa, y se quedó en la pastelería a trabajar. Y a aprender.

Cuarenta y seis años después, el artesano (que desde hace décadas reside en O Carballiño, donde regenta la pastelería Royal) asegura que disfruta con el oficio. «Gústame e vívoo. Encántame facer cousas. E gozo cando vén xente ver o traballo e me felicita», cuenta. No se refiere a los productos a la venta a diario en la pastelería (que también), sino a las piezas a gran escala en chocolate o azúcar que realiza en sus horas libres. Son reproducciones de edificios emblemáticos, como la Giralda de Sevilla, el hostal de los Reyes Católicos, los monasterios de Oseira y Carboeiro, As Burgas, Disneyland París o el templo de A Veracruz carballiñés. Casi siempre con el chocolate como ingrediente principal.

Más de dos metros y medio

La última incorporación al listado es la catedral de Santiago, en la que ha apostado por el azúcar como materia prima. En total precisó 380 kilos para dar forma a una reproducción a escala de 2,63 de alto por 1,30 de ancho y uno de fondo del templo compostelano.

Se pueden contabilizar los kilos de azúcar y el tamaño final, pero no las horas de trabajo. «Moitas», reconoce De la Iglesia, en una afición que le ocupó todas las horas libres que fue arañando entre finales de marzo y principios de octubre. «Fágoo en tempos mortos, todo de modo artesanal», cuenta. Pero claro, como en todo trabajo artístico, no siempre se va al mismo ritmo. «Un día que tes bo podes adiantar moito traballo, pero un día que non tes moitas ganas é un desastre e tes que parar. Hai dúas pezas que tiven que repetir porque me saíron mal as medidas. É mellor repetir que refacer, porque unha vez duro é complicado mover», añade. Explica que esta vez usó azúcar como materia prima porque endurece rápido en verano (en cambio la humedad del inverno no le gusta, al contrario que al chocolate). «Uso azucre glas, que é coma fariña, e despois leva unhas follas de xelatina», explica, con las que hace la masa que después modela con sus propias manos. Para pegar las piezas usa grasa.

Hacer la catedral le obligó a realizar varias visitas a Santiago, que aprovechó para sacar las fotografías que después le guiaron en el trabajo. «Está idéntica, cos detalle todos: os apóstolos, os santos, a escalinata da entrada...», cuenta orgulloso. No oculta su satisfacción por haber dado forma a la catedral de su localidad natal.

En la Festa do Pulpo

De la Iglesia es conocido por sus piezas de chocolate a gran escala, que no solo lucen en el escaparate de su pastelería, sino que después se degustan como postre en la Festa do Pulpo, el mismo día en que cada año se revalida el título de la tapa más grande del mundo. Todavía no sabe qué hará para sorprender en la próxima edición del mes de agosto, pero ahora no es el momento de pensarlo. Con la Navidad se intensifica el trabajo en la pastelería, así que las horas muertas dejan de existir. Esperará a después del roscón de Reyes para empezar a barajar opciones, en una tarea en la que asegura contar con la colaboración de su esposa. Después, en la ejecución, trabaja solo. Por eso, cuando ve programas como el Rey de las Tartas americano, sueña y se compara. «Se eu teño ese equipo, fago auténticas marabillas», asegura entre risas.

Mientras su gran equipo de colaboradores no llega -sí para el transporte; en esta última ocasión precisó la ayuda de ocho personas-, Manuel de la Iglesia disfruta mostrando al público su trabajo, que puede verse en el escaparate de la pastelería Royal en O Carballiño. ¿Por cuánto tiempo? De momento no tiene prisa por quitarla, al menos no hasta que tenga la próxima obra, ya en chocolate, lista para exponer al público.

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