Ni que fuera el Camp Nou


Aún tenemos en la retina las imágenes aéreas del pasado domingo, sobrevolando Barcelona y cayendo a vuelo de pájaro sobre el majestuoso Camp Nou, abarrotado con más de noventa mil almas y epicentro para las imágenes televisivas que contemplaron millones de espectadores en todo el mundo.

Y es que un Barça - Madrid es más que deporte, es todo un espectáculo multicultural, con el que pocos pueden competir. ¿O no? En ingresos, no hay nada que hacer, pero en O Carballiño -somos así de chulos-, incluso las gradas de Espiñedo son capaces de casi llenarse, compitiendo en la misma franja horaria del clásico de los clásicos.

Es cierto que se desmadejó buena parte de la jornada para evitar la coincidencia, pero alguien duda que la UD Ourense no habría reunido a su buen millar de seguidores si ese día estuviera dispuesto el campo de O Couto. Y en O Barco, a la conclusión de la goleada blaugrana, otro buen puñado de espectadores se disponía a desafiar a una tarde de perros para ver a la revelación de Tercera, midiéndose a un Paiosaco que andaba por ahí sin equipaje.

Y eso por hablar solo del deporte rey. ¿Han notado cuanta gente se está aficionando al rugbi en la ciudad? No es para menos con las gestas del Campus. ¿Y al voleibol? Oiga, que además de otros con mucho mérito, hay un equipo de chicas que gana todo en la Primera Nacional. Ribadavia -caso a parte- es capital del balonmano y ¿cómo iban a fallar después de un ascenso histórico? Hay más. Pero todos estos son ejemplos de que el deporte en vivo mola.

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